Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

29 sept 2026

Un Pecho colorado al alcance de la ventanilla.

Aprovechando un tiempo de mantenimiento en el blog, que me tuvo bastante entretenido estos días debido a que tuve que actualizar varias etiquetas por cambios en los nombres científicos de algunas especies, aproveché también para volver a editar estas dos fotografías de un Pecho colorado, probablemente las mejores que tengo de esta especie, y de paso actualizar su ficha, ya que nuestro conocido Sturnella superciliaris dejó ese género para pasar a llamarse Leistes superciliaris. Cosas de la ciencia que cada tanto nos obligan a meter mano en el blog y acomodar un poco los nombres para que todo siga en orden.
Las fotografías son de un lindo encuentro ocurrido hace unos nueve años, en el acceso oeste de Posadas, sobre la Costanera del Arroyo Mártires. Y digo lindo encuentro porque esta vez no hizo falta preparar el equipo, caminar, esconderse entre los pastos ni hacer ninguna de esas maniobras que solemos intentar para acercarnos a un ave; estaba tan cerca de la vereda que pude fotografiarlo tranquilamente desde el auto. De esos momentos que uno agradece, porque cuando el protagonista se queda ahí, a pocos metros, parece que por una vez la suerte decidió hacer todo el trabajo.
Hoy, después de tantos años, vuelvo a encontrar estas dos fotografías en el archivo y me parece que merecían una nueva oportunidad. No solamente porque son las mejores que tengo del Pecho colorado, sino también porque forman parte de esos registros que con el paso del tiempo terminan contando algo más que la simple aparición de una especie frente al objetivo. Son pequeños recuerdos de lugares que frecuentamos, de una época de mucha actividad y, en este caso, de una de esas ocasiones en las que ni siquiera tuve que bajarme del auto para llevarme un buen recuerdo.

Aves del Nea se agranda

A partir de hoy se integra al staff de Aves del Nea mi amigo Matías Caceres, fotógrafo aficionado con quien he tenido el gusto de compartir varias sesiones fotográficas en la Provincia de Buenos Aires.
vive en Concepción del Uruguay ( Entre Ríos ) y desde allí compartirá con nosotros el material fotográfico que pueda registrar en distintos viajes por su Provincia y por Corrientes.

De De Matías


En esta primer entrega nos muestra

Carpintero real común (Colaptes melanolaimus) Hernandarias - E. Ríos
De De Matías


Zorzal colorado (Turdus rufiventris) Hernandarias
De De Matías


Verdón (Embernagra platensis) A la vera de la ruta a Sauce Corrientes
De De Matías


Pecho amarillo (Pseudoleistes virescens) Chajarí - Entre Ríos
De De Matías


De De Matías


Tordo músico (Molothrus badius) Villa Clara - Entre Ríos
De De Matías


Pecho colorado (Leistes superciliaris) Camino de ripio a Villa Clara
De De Matías


Chiflón (Syrigma sibilatrix) concepción del Uruguay
De De Matías


Carau (Aramus guarauna) Concepción del Uruguay
De De Matías


Lechucita vizcachera (Athene cunicularia) Autódromo de Concepcion del uruguay
De De Matías


Sea bienvenido chamigo.

28 sept 2026

Cuando la pesca se cruza con las aves

Hoy comparto estas fotos de un Capuchino canela que fotografiamos con Nico en el camino de entrada a la Represa Yacyretá, en Ituzaingó, unos metros antes del cruce con la Avenida 9 de Julio. Una linda escapadita de vacaciones durante el mes de diciembre, de esas que combinaban dos de nuestras actividades preferidas: ir a pescar y, cuando aparecía la oportunidad, sacar fotos de todo bicho con plumas que se cruzara en el camino.
No hacía falta organizar una expedición ni internarse demasiado en el pastizal. A veces alcanzaba con estar atentos mientras recorríamos esos caminos, porque entre una parada y otra siempre podía aparecer alguna sorpresa. Y este pequeño capuchino fue justamente una de ellas. No recuerdo que nos haya dado demasiado tiempo para pensar la foto; apareció, lo vimos, levantamos las cámaras y tratamos de aprovechar esos pocos segundos antes de que decidiera seguir su camino.
Por aquellos años todavía existía esa ansiedad de querer fotografiar absolutamente todo lo que aparecía delante del lente. Hoy, mirando las fotos con bastante más tranquilidad, uno también disfruta de recordar el momento, el lugar y la compañía. Porque al final, muchas veces la fotografía termina siendo la excusa perfecta para guardar algo más que una imagen; una salida con un amigo, un viaje, una jornada de pesca y esos pequeños encuentros con las aves que hacen que uno vuelva a casa con alguna historia para contar.
El Capuchino canela quedó registrado en aquella escapada y, varios años después, vuelve a aparecer por acá. El archivo tiene esas cosas... uno cree que ya mostró todo y de repente encuentra una foto que estaba esperando tranquilamente su turno.


26 sept 2026

El pequeño tucán de los encuentros escasos

Diez años atrás, la ansiedad del momento, esa que aparece cuando se cruza delante de uno una especie que pocas veces tuvo la oportunidad de ver, hacía que lo ametrallara a fotos, juntando tranquilamente 30 o 40 imágenes del mismo individuo, cuando es bien sabido que una o dos buenas fotografías son más que suficientes. Pero bueno, en aquellos años uno quería llevarse todo, por las dudas de que nunca más volviera a tenerlo enfrente, y el dedo terminaba trabajando bastante más de lo necesario.
Hoy, después de haber transcurrido tanto tiempo, pude encontrarle una linda utilidad a semejante cantidad de fotografías. Sin estar saliendo al monte y contando además con poco material nuevo que realmente me resulte interesante para publicar, el archivo empieza a convertirse en una especie de caja de sorpresas donde aparecen fotografías que durante años estuvieron ahí, esperando que algún día les llegara su turno. Algunas nunca habían sido editadas, otras quedaron perdidas entre cientos de archivos y alguna que otra simplemente había pasado desapercibida. Esta vez le tocó salir a la luz a una pequeña serie del Arasarí chico, un pequeño y esquivo tucán endémico de la provincia de Misiones para la Argentina, una de esas especies que no se dejan ver así nomás y que tuve la suerte de encontrar solamente en dos oportunidades en todos estos años de recorrer nuestros montes.
Y ahora, tantos años después, resulta bastante gracioso pensar que aquellas 30 o 40 fotos que en su momento parecían una exageración en uno de los senderos de Surucuá eco lodge en el norte de la provincia, hoy vienen al rescate para armar una nueva entrada del blog. Tal vez después de todo aquella ansiedad fotográfica de hace diez años no fue tan mala idea. Por lo menos dejó material suficiente para seguir encontrando historias dentro del archivo mientras esperamos que aparezcan nuevas oportunidades allá afuera.



25 sept 2026

Flash o linterna; parte II

Fotografiar aves nocturnas tiene algo especial, porque todo ocurre de otra manera, la luz ya no sobra, el enfoque se complica y muchas veces el encuentro dura apenas unos segundos, pero justamente por eso cada registro termina teniendo un sabor diferente. Acá el trabajo en equipo cumple una importante función, uno alumbra y otro saca la foto.
En estas condiciones aparece nuevamente la vieja pregunta: ¿flash o linterna? No hay una respuesta única, porque las dos alternativas tienen sus ventajas y también sus limitaciones. El flash permite congelar el movimiento y entregar una buena cantidad de luz en un instante, pero cada destello modifica por un momento la escena y puede generar una reacción en el ave. La linterna, en cambio, permite trabajar con una iluminación continua, facilita muchísimo el enfoque y, sobre todo, da la posibilidad de observar qué está haciendo el ave y esperar una posición favorable antes de disparar.
Hoy traigo dos fotografías de un Curiango obtenidas en el Club Refugio Ombú para esta segunda parte de un tema ya tratado aquí en el blog, y para aquellos que no hayan leído la primera parte al finalizar esta entrada les voy a dejar el link a la parte 1.
Justamente las dos fotos sirven para mostrar la diferencia, Una fue realizada con flash y la otra con linterna. A simple vista, más allá de la diferencia en la temperatura del color, el resultado puede parecer bastante parecido, pero trabajando en la oscuridad la experiencia de hacer una y otra fotografía cambia bastante.
La linterna tiene una ventaja que para mí resulta especialmente interesante y es la principal ayuda para que la cámara enfoque mucho más rápido. Y si el Curiango cambia de posición, gira la cabeza o simplemente aparece un ángulo más interesante, puedo esperar y realizar otra toma sin tener que volver a iluminar la escena con un destello. Además, al trabajar siempre en formato RAW, esa iluminación continua me permite modificar posteriormente el balance de blancos durante la edición y corregir esa tonalidad más fría característica de la linterna.
El flash, por supuesto, sigue teniendo lo suyo. Cuando la situación lo permite, un buen destello puede entregar una imagen muy limpia y congelar perfectamente al ave, especialmente cuando tenemos poca luz y necesitamos velocidad. Pero en fotografía de naturaleza, como tantas veces hemos comentado por acá, no se trata solamente de conseguir una foto técnicamente correcta. También hay que prestar atención a lo que está pasando del otro lado del lente y tratar de intervenir lo menos posible.
Con las aves nocturnas todavía más. No tiene sentido perseguirlas, insistir una y otra vez ni convertir un encuentro interesante en una sesión interminable solamente para conseguir "la foto perfecta". Si el ave se queda tranquila, nosotros también. Esperamos, observamos y aprovechamos el momento. Y si no se da, bueno... tampoco se termina el mundo. El Curiango seguirá siendo Curiango aunque nuestra tarjeta de memoria vuelva a casa con menos fotos.
Estas dos imágenes del Club Refugio Ombú son simplemente otra oportunidad para seguir probando, comparando y aprendiendo. Flash por un lado, linterna por el otro. Dos formas diferentes de resolver el mismo problema y, como casi siempre ocurre en fotografía, una buena excusa para seguir experimentando.

link a la parte I

24 sept 2026

El Tachurí canela, el Apepú, y aquellos primeros tiempos...

Hoy tres fotos de un Tachurí canela, una especie que alguna vez nos regaló muy buenos momentos en la desembocadura del Arroyo Apepú, allá por Nemesio Parma.
Aquel era uno de esos rincones que disfrutábamos mucho cuando comenzamos con esta actividad en Posadas. En esa época todavía teníamos la costumbre de salir a recorrer lugares buscando aves, aprendiendo sobre la marcha y, sobre todo, compartiendo lo que íbamos encontrando. Por ahí aparecía una especie interesante, por ahí alguna que para nosotros era un registro novedoso y, casi siempre, terminábamos volviendo a casa con unas cuantas fotos y alguna historia para contar.
La desembocadura del Apepú fue uno de esos lugares que nos dejó particularmente buenos recuerdos. Muchas salidas, muchas observaciones, muchas fotografías y también varios registros que en aquellos primeros años tenían para nosotros un sabor especial, porque cada especie nueva era prácticamente un pequeño descubrimiento. Y había además algo que siempre estuvo presente en aquella etapa: las ganas de compartir lo aprendido y de que otros también pudieran entusiasmarse con esto de mirar un poco más detenidamente lo que tenemos alrededor.
Pero el tiempo pasa y el progreso avanza, casi siempre sin pedir permiso. Hoy, mirando Google Maps, descubrí que en aquel lugar se construyó un astillero. Y la verdad es que se me fueron un poco las ganas de subirme al auto y acercarme hasta allá para ver cómo quedó ese rincón que tengo guardado en la memoria de otra manera.
Quizás sea una tontería, pero hay lugares que uno prefiere conservar como los recuerda. Con sus aves, sus caminos, sus paisajes y aquellas jornadas en las que todavía todo estaba por descubrir. Por eso hoy, en lugar de volver al Apepú, me quedo con estas tres fotos de aquel Tachurí canela y con los recuerdos de un lugar que, por suerte, todavía existe intacto en la memoria.


23 sept 2026

Pato Maicero (Anas georgica) Gmelin, JF, 1789 - Yellow-billed Pintail

Una especie nueva para el blog y, en este caso, una que nos lleva bastante lejos de nuestras habituales recorridas por el NEA: el Pato maicero (Anas georgica).
La fotografía fue tomada en el año 2017 durante unas vacaciones familiares en Bariloche del amigo Lucho Lugo. Entre campings, rutas y recorridas también hubo tiempo, como siempre, para prestar atención a las aves que aparecían por el camino, o nadando por las cercanías. En esta oportunidad, fue Lucho quien tuvo la cámara preparada y logró estas fotografías en el Lago Guillelmo, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi.
El Pato maicero es un anátido de tamaño mediano a grande, de aspecto bastante estilizado, con cuello relativamente largo, cuerpo alargado y una cola puntiaguda que suele resultar bastante característica cuando está posado sobre el agua. Su longitud ronda los 50 a 65 centímetros y, aunque a simple vista puede parecer un pato de colores poco llamativos, cuando uno se detiene a observarlo aparecen varios detalles interesantes.
El plumaje general es pardo, con el cuerpo fuertemente estriado y moteado de tonos claros y oscuros. La cabeza y el cuello presentan un fino estriado que se hace más evidente al observarlo de cerca. En vuelo se puede apreciar el espejo alar oscuro, acompañado por bandas claras que contrastan con el resto del ala.
Pero si hay un detalle que ayuda muchísimo para reconocerlo, ese es el pico: amarillo intenso, con una marcada línea negra en la parte superior y la uña también oscura. Machos y hembras presentan un aspecto muy similar, sin diferencias de coloración evidentes que permitan distinguirlos fácilmente en el campo. Se lo puede confundir con el pato barcino, pero el maicero es mas grande.
Es una especie asociada principalmente a ambientes acuáticos, como lagos, lagunas, ríos, bañados y otros cuerpos de agua, donde se alimenta de vegetación acuática, semillas, pequeños invertebrados y otros recursos que encuentra tanto en el agua como en sus orillas. Puede observarse solo, en parejas o formando grupos, y es un pato bastante activo que suele recorrer tranquilamente la superficie del agua mientras busca alimento.
Su área de distribución geográfica va del sur de Brasil hasta el sur de Chile y de Argentina (hasta la isla Grande de Tierra del Fuego). Su distribución continúa en la cordillera de los Andes, pasando por Perú y Ecuador llegando hasta Colombia. También se encuentra presente en las islas Georgias del Sur.
Su nido es una depresión en el suelo, cercano a la ribera, forrado con plumas pequeñas y con pasto cercano para tapar los huevos durante la ausencia de la hembra. La nidada consta de entre tres y doce huevos. La incubación tarda veintiséis días y es llevada a cabo por la hembra. Una vez nacidos los pichones, el padre se mantiene con la familia.
En este caso, el escenario fue muy distinto al que acostumbramos a mostrar en el blog. El Pato maicero apareció sobre las aguas del Lago Guillelmo, rodeado por el paisaje del bosque andino patagónico, otro de esos ambientes que uno tiene la posibilidad de conocer cuando las vacaciones familiares también incluyen, cámara en mano, mirar qué aves aparecen por ahí.
Otra especie que se suma al registro del blog y que, como tantas otras, llevaba varios años esperando pacientemente dentro del archivo fotográfico hasta que llegó su momento de salir a la luz.


Mapa de distribución en América del Sur
Copyright de los mapas Copyright-Ebird (www.ebird.org)


22 sept 2026

La Saracura: un fantasma veloz en la selva misionera

Pasaron varios años desde la última vez que le dedicamos un espacio exclusivo en el blog a la Saracura (Aramides saracura). No es un olvido casual; los que recorremos el monte sabemos perfectamente que este esquivo rálido prefiere ser escuchado antes que visto, convirtiendo cada encuentro en un verdadero premio a la paciencia... o a la pura suerte.
A diferencia de sus parientes cercanos como el Ipacaá, o el chiricote que suelen mostrarse más confiados en los descampados, la Saracura es un auténtico fantasma de la selva misionera. Mientras que a otros miembros de su familia los podemos observar caminando pausados o buscando alimento con cierta tranquilidad, con ella la historia es otra; siempre que asoma la cabeza por el borde del monte, lo hace a toda velocidad.
Confieso que, en lo personal, nunca logré verla caminando con calma; siempre me regala apenas unos frenéticos segundos antes de desaparecer corriendo entre la densa vegetación baja; salvo la única vez que gracias a estar escondido en un hide en la Chacra Mariposa la primera vez que anduve por ahí pude fotografiarla bien.
Por esa razón, lograr una fotografía nítida de esta especie es un desafío enorme; son instantes contados en los que hay que configurar la cámara, hacer foco y disparar antes de que se esfume.
Por suerte, algunos amigos tienen un duende especial para estas cosas y una dosis extra de fortuna.
Hoy tengo el enorme placer de compartir dos lindos registros logrados por Luis Krause, quien logró congelar a este veloz habitante en su entorno natural con una buena claridad.

Como se puede apreciar perfectamente en sus imágenes, la Saracura se distingue por su elegante vientre plomizo, su garganta blancuzca y ese dorso pardo acanelado con tintes olivas que la ayuda a mimetizarse de forma perfecta con el follaje del suelo de nuestra selva.
Muchas gracias a Luis por compartir este material que nos ayuda a enriquecer el archivo del blog y a mantener viva la fascinación por las aves de nuestro NEA. Y ustedes, ¿tuvieron más suerte que yo? ¿Lograron verla caminar alguna vez o también la conocen solo "de carrera"? ¡Los leo en los comentarios!

Temporada de picaflores 2026: ya comenzó el movimiento en el patio !!!!!

Oficialmente, podemos decir que comenzó la temporada de picaflores 2026 en mi patio, y este año el primero en aparecer con la llegada de la primavera fue el Picaflor vientre negro. De él es esta tanda de fotografías, recién salidas de la memoria de la cámara.
Mientras permanece posado se muestra bastante tranquilo, como si nada le preocupara demasiado. Pero la cosa cambia completamente cuando decide acercarse al bebedero. Ahí aparece el que aparentemente se cree dueño del patio, el Picaflor tijereta, un verdadero especialista en territorialidad que no permite que nadie se acerque demasiado. En menos de cinco segundos puede poner a correr a cualquier otro picaflor u otro pájaro que lo duplique en tamaño que tengan la osadía de acercarse a su territorio.
Y acá aparece nuevamente una de esas pequeñas decisiones que fui incorporando desde que retomé con más ganas la fotografía de aves. El flash quedó guardado en la mochila; mucho más tranquilo, esperando el momento y aprovechando la luz disponible, fui buscando registrar los colores tal como los vemos a simple vista, sin esos reflejos o brillos artificiales que muchas veces terminan modificando la apariencia de un plumaje y hasta pueden prestarse a confusión.
Además, esta tanda tiene un pequeño estreno tecnológico; las fotografías fueron procesadas utilizando la última actualización de Adobe, con Photoshop CC 2026 y Adobe Camera Raw 18.6. Seguramente todavía me quedan unos cuantos secretos por descubrir entre las nuevas herramientas y funciones que incorporaron, pero eso llevará su tiempo.
Y aunque algunas de esas novedades incluyen herramientas basadas en inteligencia artificial, por ahora sigo haciendo las cosas a mi manera; el procesamiento de la imagen, de principio a fin, lo hago manualmente. No porque tenga algo contra la tecnología nueva, todo lo contrario, sino porque también forma parte de este entretenimiento aprender qué puede hacer uno con la fotografía cuando se toma el tiempo de hacerlo por cuenta propia.
Así que oficialmente queda inaugurada la temporada de picaflores 2026. Seguramente habrá más visitas, más persecuciones alrededor del bebedero y, con un poco de suerte, alguna que otra fotografía interesante para seguir compartiendo desde este pequeño observatorio que tengo en casa; veremos si este año tenemos sorpresas interesantes que vengan a hacerle compañía a los 3 que no hicieron las valijas y se quedaron por el Sur de Misiones a pasar el invierno.




21 sept 2026

Mirando pájaros... Pisando espinas

Hoy seguimos por el Espinal, pero esta vez cambiamos de provincia y nos vamos hasta Córdoba. Una sola foto de una hembra de Carpintero bataraz chico, una especie de la que tengo pocos registros y que en esta oportunidad apareció mientras recorría algunos caminos vecinales de Villa Quilino, en pleno ambiente de Espinal.
La foto fue el premio, aunque el encuentro me dejó también con las ganas de fotografiar al macho, porque esta vez se hizo desear y no hubo manera de encontrarlo. Eso sí, el Espinal se encargó de que la salida no terminara sin llevarme algo de recuerdo por andar distraído. Concentrado en buscar aves, terminé con unas hermosas espinas clavadas en una de mis zapatillas. Nada grave, pero bastante efectivo para recordarme que en estos ambientes no alcanza solamente con mirar para arriba; el Chaco seco siempre va a dejar un recuerdo punzante en el turista distraído.
Acá hay que andar con un ojo puesto en el pájaro y el otro revisando cuidadosamente dónde uno pone los pies. Porque mientras uno está esperando que aparezca el carpintero entre la vegetación, abajo puede estar esperando tranquilamente alguna espina con ganas de participar también de la jornada fotográfica.
Así que me traje una foto del carpintero bataraz chico, la deuda pendiente de encontrar al macho y un pequeño souvenir del Espinal cordobés incrustado en la zapatilla. La próxima vez, además de la cámara y el teleobjetivo, habrá que acordarse de llevar un poco más de atención en los pies.

20 sept 2026

Camba Trapo, las ganas de volver siempre están

Hoy una sola foto de un Burlisto cola castaña, especie que cuenta con muy escasos registros en nuestra provincia y que, por esas cosas lindas que tiene esto de salir a buscar aves, tuve la suerte de encontrar bastante lejos de casa.
La foto es del año 2015, durante la que fue mi última visita a Colonia Carlos Pellegrini, en Corrientes. El encuentro se produjo durante una de esas paradas improvisadas al costado de la polvorienta ruta 40, unos kilómetros antes de llegar a los Esteros de Camba Trapo. Uno va por esos caminos mirando para todos lados, frenando cada tanto ante cualquier movimiento, porque nunca se sabe qué puede aparecer entre la vegetación o cruzarse delante de la cámara. Recuerdo perfectamente cuánto tiempo estuvimos parados ahí antes de un bañado que cortaba el camino con unos arbustos y espinillos llenos de aves, recuerdo perfectamente esa sensación de encontrarse con una especie poco frecuente y saber que había que aprovechar el momento. En aquellos viajes, además de las aves que uno iba buscando, siempre aparecía alguna sorpresa que terminaba convirtiéndose en uno de esos registros que después quedan guardados durante años entre las fotos y, sobre todo, entre los recuerdos.
Una sola foto salió de este Burlisto, al fondo pueden vver desenfocada a su pareja, mezclados entre cardenales, cardenales amarillos, suiriríes, monjitas, golondrinas, chincheros, y carpinteros. Lindos momentos para llenar terjetas de memoria.
Ya pasó bastante tiempo desde aquella última recorrida por Pellegrini y por esos caminos correntinos, pero las ganas de volver siguen intactas. Hay lugares que uno visita una vez y después quedan dando vueltas en la cabeza, esperando una nueva oportunidad. Ojalá algún día pueda volver a recorrer esos caminos del Taragüí, con la cámara, unos buenos mates y, por supuesto, bastante tiempo para detenerme cada vez que algo con plumas decida aparecer.

19 sept 2026

El fantasma de brasa: 18 años buscando al Bailarín Naranja en la selva misionera

Hay aves que te llenan los ojos al primer intento, y hay otras que se convierten en una hermosa y obsesiva persecución a lo largo de los años. Para quienes recorremos la selva de la Provincia de Misiones con la cámara a cuestas, la biodiversidad es un regalo diario, pero existen ciertos tesoros que la tierra colorada se reserva solo para los más pacientes.
En mi opinión, uno de ellos es una de las criaturas más fascinante y esquiva de nuestra avifauna; el Bailarín Naranja (Pipra fasciicauda).
Llevo 18 años capturando la vida silvestre a través de mi lente y, en casi dos décadas de caminatas silenciosas, solo he logrado fotografiarlo en tres lugares bien específicos. Uno de esos templos sagrados fue la reserva Surucuá, allá bien al norte de la provincia, un rincón mágico donde el tiempo parece detenerse y la selva te habla al oído.
De aquella mítica expedición junto a Luis Krause, y otros amigos ya conocidos por ustedes, nos quedaron recuerdos imborrables y fotos de archivo espectaculares que hoy vuelven a ver la luz para ilustrar este relato. Esa salida tuvo una mística especial; para Luis fue su gran desquite, ya que venía con la espina de no haber podido fotografiar al bailarín blanco y la selva lo compensó con creces regalándole este encuentro; en mi caso fue exactamente al revés, pero así es el azar hermoso de la fotografía de naturaleza.

Un destello imposible en la penumbra:
El gran desafío de este habitante de la selva paranaense no es solo su escasez, sino su comportamiento. A diferencia de otras aves que juegan en las copas de los árboles calados por el sol, el macho del Bailarín Naranja prefiere el estrato medio y bajo; se mueve en la penumbra del sotobosque denso y oscuro. Físicamente, el macho es una obra de arte viviente, un capuchón, espalda y pecho de un anaranjado encendido —como una brasa viva en medio del follaje— que contrasta de manera dramática con sus alas y cola negras, y un ojo grande de un iris blanco penetrante.
La hembra, en cambio, viste un plumaje verde oliva perfecto para fundirse con la vegetación, compartiendo esa mirada blanca tan particular.Su nombre le hace justicia a su increíble ritual de cortejo. Los machos se agrupan en pequeños territorios acotados (denominados "leks") donde realizan elaboradas coreografías y despliegues de movimientos coordinados acompañados de silbidos nasales descendentes para deslumbrar a las hembras.
El problema para el fotógrafo es que, aun cuando su canto delata que está a escasos metros, su timidez lo mantiene estático y oculto tras densas cortinas de tacuaras y enredaderas.

La dificultad de registrar un mito:
Encontrar un registro del Bailarín Naranja en la provincia es toparse con una aguja en un pajar. Su distribución es extremadamente focal y acotada, restringiéndose casi en su totalidad al norte misionero, y una sola vez por el Sur, acá cerquita de Posadas, en sitios específicos como el Parque Nacional Iguazú o reservas privadas vecinas que conservan la selva en estado maduro y virgen.
Fotografiarlo exige dominar el arte de la frustración, poca luz, trabajar en el sotobosque oscuro obliga a forzar el equipo fotográfico al límite (ISOs altos, diafragmas muy abiertos); foco esquivo porque las ramas, tacuaras, y el denso follaje del sotobosque de su hábitat natural juegan constantemente en contra del enfoque automático.

Territorios contados:
Si no conocés el punto exacto y su vocalización, podés pasar semanas caminando sin ver siquiera un destello naranja. Por eso, repasar las fotos de Surucuá me despierta una profunda nostalgia y un respeto inmenso por la fragilidad de nuestra selva. Capturar la mirada de este bailarín no es solo presionar un disparador; es el premio a la constancia, el frío de las madrugadas, el calor húmedo de Misiones y, sobre todo, la fortuna de haber estado en el lugar correcto, en el momento exacto, donde la magia decidió mostrarse.