Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
1 may 2026
Crónica de una pasión
El sol, un Dios benévolo en estas latitudes, asomaba su rostro dorado sobre el horizonte, tiñendo de rosa los esteros y campos que se extendían hasta donde la vista alcanzaba. Mis amigos y yo, un grupo de almas unidas por la pasión por la naturaleza, nos adentramos en este bioma vibrante, cámara en mano, listos para capturar la esencia de un mundo que se despliega ante nosotros con una belleza sobrecogedora.
Observar la naturaleza es, en esencia, un ejercicio de Atención Plena (Mindfulness). Mientras el ajetreo urbano fragmenta nuestra psiquis con exigencias constantes, ruidos artificiales y la tiranía del reloj, el campo nos impone una "atención fascinada". En psicología, esto se conoce como la Teoría de la Restauración de la Atención: el entorno natural permite que nuestros mecanismos cognitivos, agotados por el estrés crónico de la ciudad, se recarguen simplemente al contemplar la ingeniería de un nido de hornero o la paciencia de un Yacaré.
Nuestra salida actuaba como un ancla emocional. En el silencio de los esteros, el "yo" profesional y las preocupaciones cotidianas se diluyeron. Lo importante recuperó su verdadero peso. Compartir el trayecto en lancha o el avistaje de una especie esquiva fortalecía nuestra red social primaria, un factor protector crítico para la salud mental que a menudo descuidamos en la rutina urbana.
El sonido del motor era un murmullo que se mezclaba con el canto de las aves. Un Yacaré, con su mirada ancestral, nos observaba desde la orilla; un Carancho surcaba los cielos; un hornero construía su hogar. Cada encuentro era una invitación a la reflexión. La fotografía, más que un acto de capturar imágenes, era una forma de comunión. Buscábamos la luz perfecta, la composición que transmitiera la emoción pura. Al mirar a través del visor, practicábamos el enfoque, no solo técnico, sino existencial: psicológicamente, esto nos ayudaba a "encuadrar" nuestras propias vidas, separando el ruido de fondo de lo que realmente tiene valor y trascendencia.
Esta conexión íntima con el entorno refuerza inevitablemente el mensaje conservacionista. Nos recordó que la naturaleza no es solo un recurso para ser explotado o un paisaje de fondo, sino un gran ser vivo complejo que merece nuestro respeto y cuidado. Nuestra salud mental está intrínsecamente ligada a la salud del ecosistema que habitamos.
Finalizando la jornada, hambrientos y con el alma llena de experiencias restauradoras, nos dirigimos a "Yacarú Porá", el icónico restaurante de Pellegrini. Sus dueños nos recibieron con la hospitalidad propia de quien ama su tierra. Este cierre de jornada no fue un simple trámite alimenticio; fue un espacio de validación y catarsis.
Mientras saboreábamos una deliciosa comida, nos contaron historias de su emprendimiento, de los desafíos y las alegrías de vivir en armonía con la naturaleza. Escuchar el orgullo en sus relatos nos conectó con el concepto de trascendenciau. Ver su pasión nos recordó que la salud mental también reside en el sentido de propósito y en la capacidad de construir algo propio con amor. Almorzar en ese rincón, escuchando crónicas de vida mientras se comparte el pan, fue el bálsamo final. Es el momento donde la experiencia solitaria de la fotografía se volvió colectiva, y donde el alma, finalmente, descansó del vértigo del mundo para habitar el presente con plenitud.
Todo lo que construimos se quedó atrás, suspendido en el tiempo como un eco que se niega a desaparecer. Los días corrieron con una intensidad que parecía eterna, y cada decisión tomada nos trajo hasta este punto exacto, donde el camino conocido simplemente se terminó.
Hubo promesas que se cumplieron y otras que se desvanecieron antes de tocar el suelo. Hicimos lo necesario, o al menos lo que creímos correcto en aquel entonces, mientras el mundo seguía girando sin esperarnos. Las piezas encajaron, pero el tablero ahora es distinto.
Sin embargo, lo que se gesta detrás de ese horizonte borroso es otra historia. Los hilos se han vuelto a tensar, pero nadie sabe qué figura dibujarán al final. Algo se aproxima, algo que ya no pertenece a lo que fuimos, y cuya forma solo el tiempo se atreverá a revelar.
Este blog que milagrosamente se salvó de la eliminación pasó a ser la base perfecta para un nuevo comienzo, ya sea por nostalgia, por el contenido fotográfico que tengo sin mostrar, o porque quizás representa una etapa superada, un interesante ejemplo de resiliencia digital
¿Creen que estamos preparados para lo que sea que esté por manifestarse?
A todos....gracias por leer.
Roberto F. Genesini / Marcelo Allende
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