Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
10 may 2026
El Rayador del Arroyo Itá
2017… el año en que un Rayador apareció en el Itá. (Fotografías de Roby Genesini)
Todavía recuerdo el incesante tráfico de mensajes en WhatsApp, los avisos que iban y venían como una alarma entre amigos, y las primeras fotos que empezaron a circular por las redes sociales. Un visitante inesperado, solitario, elegante, de esos que aparecen sin aviso y convierten un rincón cotidiano en noticia obligada para todo observador de aves.
El individuo permaneció apenas unos días, el tiempo suficiente para despertar ansiedad, entusiasmo y carreras improvisadas hacia la costa. Y otra vez, como tantas veces pasa en este hobby, yo no llegué y volví a perderme la oportunidad de registrarlo en imágenes.
Pero con los años entendí que también de eso se trata esta pasión. No siempre uno vuelve con la foto soñada. A veces queda solamente la historia, el relato de quienes lo vieron, la sensación de haber estado cerca de un momento irrepetible. Y curiosamente, esas ausencias también terminan formando parte del recuerdo.
Porque hay aves que uno fotografía… y otras que quedan para siempre sobreviviendo en la memoria colectiva de los grupos de WhatsApp, en las charlas entre amigos y en esa eterna frase que todo pajarero alguna vez dijo resignado:
“Llegué un día tarde…”.
Todavía me acuerdo la primera vez que escribí sobre el Rayador en el blog. Me acuerdo quién lo fotografió, me acuerdo perfectamente del lugar, y nunca me voy a olvidar del motivo por el cual yo no lo vi. Hasta hoy, esa fue la única vez que me dormí y falté a una jornada de fotografía de aves.
Pasaban los años, y mientras todos los amigos volvían con alguna foto del Rayador, yo seguía con esa figurita faltante. Siempre parecía estar ahí, al alcance de la próxima salida, pero nunca se daba.
Tuvieron que pasar nueve años más para que finalmente, en el viaje a Santa Cruz en el año 2022, pudiera verlo por primera vez y hacerle mis propias fotos tantos años después desde que lo publiqué acá por primera vez. Y ahí una vez más, queda en evidencia cómo funciona esto de las aves: no hay certezas, no hay horarios garantizados, ni especies aseguradas. Uno puede insistir, viajar, madrugar y caminar kilómetros… pero las fotos aparecen recién cuando las aves así lo disponen.
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