Hoy le toca el turno al sirirí vientre negro, uno de esos patos que parecen haber tomado decisiones de vida bastante discutibles... o brillantemente originales, según cómo se mire.
Las fotografías que acompañan esta entrada fueron obtenidas por el amigo Luis Krause en el Club Refugio Ombú, un lugar que ya ha aparecido muchas veces en el blog y que, por suerte, siempre encuentra la manera de regalarnos alguna sorpresa nueva. Entre lagunas, montes y rincones donde la naturaleza todavía conserva sus propios tiempos, este maravilloso espacio correntino cercano a Posadas sigue demostrando que nunca se termina de conocer del todo.
Y hablando de regresos, también vuelve Luis a compartir sus registros en esta nueva etapa del blog, una reconstrucción del espacio, sí, pero con la misma esencia de siempre; disfrutar de las aves, compartir anécdotas y contar historias sin demasiados protocolos, como cuando uno charla con amigos después de una salida de campo.
El protagonista de hoy es un pato que parece venir con el GPS desconfigurado de fábrica, porque resulta que, siendo pato, uno supondría que pasaría gran parte de su tiempo flotando plácidamente en alguna laguna pero no. El sirirí vientre negro suele aparecer descansando en árboles, posado sobre ramas o incluso arriba de postes; como si en algún momento de la evolución alguien hubiera mezclado los manuales de las aves acuáticas con los de los pájaros de percha y nadie se hubiera dado cuenta y la cosa no termina ahí.
Mientras la mayoría de los patos anidan en el suelo, este señor prefiere buscar huecos en los árboles para criar a sus pichones. Vaya uno a saber qué ocurrió miles de años atrás para que tomara semejante decisión, pero la especie la mantiene hasta el día de hoy con una convicción admirable.
Quizás por eso siempre nos resultó simpático. Tiene aspecto de pato, se comporta como pato cuando le conviene, pero cada tanto parece recordar que lleva un pequeño espíritu de pájaro carpintero o de loro escondido en alguna parte de su ADN.
Sea como fuere, cada encuentro con estos siriríes termina despertando la misma sensación: la naturaleza todavía guarda suficientes misterios como para sorprendernos cuando creemos haber visto de todo.
Y por suerte siguen apareciendo momentos en los que cámara en mano aprovechemos esos breves instantes para documentar esas pequeñas rarezas que hacen tan entretenida esta actividad de observar y fotografiar aves.
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
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