Hoy estaba con poca inspiración para escribir, uno de esos días en los que me siento frente a la computadora, miro el teclado y las ideas parecen haberse ido de excursión.
Así que hice lo que vengo haciendo estos últimos meses, abrir carpetas viejas de fotografías y fue suficiente; bastó volver a recorrer las imágenes registradas durante aquel viaje a Curuzú Cuatiá para que empezaran a regresar los recuerdos, se refrescaron las charlas, volvieron las anécdotas, aparecieron nuevamente las caras de los amigos y hasta pude sentir otra vez el frío de aquellas mañanas caminando por el espinal correntino.
Al final, las fotografías tienen esa extraña magia, uno cree que está buscando una imagen para publicar y termina encontrando un montón de momentos que parecían dormidos en algún rincón de la memoria.
Entre esos recuerdos apareció esta sufrida pero divertida búsqueda de la monjita coronada en el campo del querido Doc. Ángel Prato, en el paraje María Sara, cerca de Curuzú Cuatiá, Corrientes.
Parece mentira que hayan pasado ya doce años de aquel viaje inolvidable y que todavía conserve tan frescos los recuerdos de todo lo que conversábamos con el Doc. Aquella mañana le comentamos que después del almuerzo íbamos a salir a caminar para buscar a la siempre escurridiza monjita coronada.
Hay algo curioso entre los observadores/fotógrafos de aves, casi siempre nos fascina más lo que tiene el otro. El amigo correntino deliraba escuchando historias sobre la fotografía de aves en la selva misionera, mientras que yo, que vivo rodeado de selva, sentía una atracción especial por el espinal, por su fauna y particularmente por sus aves. Parece que el pasto siempre es más verde del otro lado, del lado del vecino... o, en este caso, que las espinas siempre son más interesantes en el campo ajeno.
Todavía me río al recordar la respuesta del Doc. cuando le contamos nuestros planes.
—Vayan ustedes... yo ni en pedo camino por esa plaga.
La definición era breve, pero extraordinariamente precisa.
Y es que caminar por el monte del Espinal es una experiencia de supervivencia textil y emocional. Entre algarrobos, chañares, espinillos, y tuscas, da la impresión de que todo el paisaje tiene un pacto secreto para retenerte a toda costa. Lo que empieza como una simple caminata termina convirtiéndose en una cómica lucha por salir entero de una naturaleza con bastante mal carácter.
Primero aparece un chañar que decide que la manga de tu campera es su nueva mejor amiga. Si lográs zafarte con una elegante maniobra de esquive, inmediatamente entra en acción la tusca, una planta que parece haber sido diseñada por un ingeniero especializado en armamento medieval. Siempre encuentra la forma de dejarte una espina colgando del pantalón... o clavada en la piel, para recordarte quién manda en ese monte.
En resumen, recorrer el espinal es una excelente práctica de paciencia, equilibrio y contorsionismo. Volvés a casa con la ropa más agujereada que un colador, pero también con anécdotas que justifican cada rasguño.
Y cuando ya estás al borde del colapso textil, aparece el algarrobo; su sombra generosa te regala un respiro y por unos segundos sentís que todo va a estar bien, hasta que mirás al suelo; las chauchas están desparramadas por todas partes y, si pisás una, el ruido es exactamente igual al de una botella de plástico vacía. Cada paso anuncia tu presencia a los cuatro vientos, y los pájaros ya saben por dónde venís mucho antes de que los veas vos.
Y así fue también con la monjita coronada; Uno conseguía acercarse cinco metros... y ella se alejaba treinta. Siempre alerta, siempre desconfiada, obligándonos a caminar un poco más entre espinas, frío y cansancio.
Fue una experiencia sufrida, las espinas, el frío que se mete hasta los huesos y varias horas de caminata campo traviesa hicieron que cada foto costara bastante más de lo que muestran las imágenes.
Pero ya saben cómo es esto. Como dice un viejo refrán de estos pagos...
"Sarna con gusto no pica".
Y menos todavía cuando la recompensa es regresar a casa con el registro de una especie que te hizo trabajar cada una de sus fotos.
Les comparto para el final esta secuencia de fotos con un enfoque y composiciones distintas a lo habitual, editadas por vez primera gracias a nuevas herramientas de proceamiento de imágenes que antes eran cosa de ciencia ficción; años en los que yo me preocupaba por estar cerca y que el modelo complete el mayor espacio posible en la toma, dejando al ambiente en un segundo plano olvidándome de que mostrar el hábitat también sirve de mucho, en este caso para mostrar la monocromía del espinal y a un tiránido super arisco que en el habita.
Saludos para todos !!!




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