Hoy le toca el turno a una especie que, si no abre el pico para cantar, puede hacernos transpirar bastante antes de ponerle nombre.
La Mosqueta corona oliva (Phyllomyias virescens) fue fotografiada durante aquel inolvidable viaje de 2018 al Parque Provincial Cruce Caballero, cuando el único objetivo era recorrer el norte misionero buscando aves. En esa época todavía estaba en modo "coleccionista de especies", así que cada movimiento entre las ramas merecía una mirada.
Lo curioso es que de esta especie conservo una sola fotografía. Y, siendo sincero, fue porque no le di la importancia que merecía; vi un pequeño bulto moviéndose entre el follaje, apunté la cámara y disparé una única vez. En ese mismo instante una pareja de Carpinteros arcoíris apareció cerca, y ya sabemos cómo termina esa historia... la atención se fue detrás de los carpinteros y la pobre mosqueta quedó con una sola imagen para el archivo.
Años después, revisando las fotos, vino el verdadero trabajo. Como estos pequeños tiránidos no siempre tienen la amabilidad de vocalizar cuando uno los encuentra, la identificación pasa a ser un ejercicio de paciencia porque hay que empezar a filtrar especie por especie, observando el color de las patas, la forma y tamaño del pico, las tonalidades del plumaje, los discretos filetes o barras alares y cada detalle que pueda inclinar la balanza. Más que mirar una foto, parece una investigación policial.
En mi caso, el primer paso fue preparar un listado con las veinte especies de mosquetas que podían aparecer en la zona, incluyendo las registradas para Misiones, el Paraguay y el sur de Brasil. Ahí comienza el verdadero desafío, empezar a tachar nombres. Primero por el área de distribución, después por el ambiente donde fue observada, el estrato del bosque que frecuenta, el tipo de vegetación... porque hay mosquetas que viven prácticamente escondidas en el denso sotobosque de los tacuarales, y ni siquiera en cualquier tacuaral. Poco a poco se van descartando posibilidades y sumando pequeños detalles, la lista se va achicando hasta llegar a una identificación con bastante certeza. Lástima que, en este caso, al tratarse de una especie que suele moverse en el estrato alto del bosque, una vez más terminé perfeccionando esa disciplina que tantos fotógrafos conocemos: fotografiar panzas de pajaritos.
La Mosqueta corona oliva es un ave pequeña, inquieta y muy activa. Recorre las copas del bosque buscando diminutos insectos entre las hojas, casi siempre pasando desapercibida. Su plumaje oliváceo y sus movimientos constantes hacen que se confunda fácilmente con otras especies similares, razón por la cual escuchar su característico canto suele ser la forma más sencilla de confirmar su identidad.
Al final, esa única fotografía terminó teniendo mucho más valor del que imaginé aquel día. Es una linda demostración de que, en observación de aves, nunca conviene subestimar a un pajarito "común". A veces el protagonista de una gran historia no es el más colorido ni el más llamativo, sino ese pequeño personaje que nos obliga a sentarnos, revisar guías, comparar detalles y aprender algo nuevo.
Y de eso se trata también este hobby. Algunas especies nos regalan cientos de fotos; otras apenas una. Pero mientras haya una imagen que nos haga recordar el momento vivido en el monte y nos enseñe algo, ya cumplió con creces su misión. Al fin y al cabo... las aves siempre encuentran la forma de seguir dándonos trabajo, incluso varios años después de haber apretado el disparador.
Mapa de distribución en América del Sur
Copyright de los mapas:
Copyright-Ebird (www.ebird.org)
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
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