Hay fotografías que uno sale a buscar y otras que directamente se te meten en el medio de lo que estabas haciendo, estas dos fotos pertenecen claramente al segundo grupo.
Durante aquella excursión familiar a la Isla Saona apareció otra de esas especies que tenía muchas ganas de poder fotografiar: el cuervo de la Española.
Y digo “apareció” porque, en realidad, estos bicharracos primero se hacen notar por los oídos, uno puede estar tranquilamente en lo suyo y, de repente, empieza el bochinche. Ruidosos, escandalosos, quilomberos... como decimos por estos pagos. Un grupo de cuervos haciendo de las suyas no es precisamente una presencia discreta. Por momentos parecen una bandada de loros grandes, aunque bastante menos interesados en guardar silencio.
Y ahí estaba yo, disfrutando en familia de uno de los grandes placeres de una excursión por el Caribe, una langosta cocida a las brasas.
Almuerzo servido, cámara guardada y, en teoría, momento de sentarse a disfrutar hasta que los escuché.
La langosta podía esperar, los cuervos no. Así que abandoné momentáneamente el almuerzo, agarré la cámara y salí detrás de ellos para intentar conseguir alguna fotografía decente.
Por suerte, la decisión resultó bastante más fácil de tomar que lo que podría suponerse. Hay especies que, cuando finalmente aparecen delante del fotógrafo, hacen que cualquier otra cosa pase automáticamente a segundo plano; y este cuervo fue una de ellas.
Además, hay algo especialmente lindo en poder fotografiar una especie que hasta ese momento solamente conocías por referencias, fotografías ajenas o libros. De repente está ahí, delante tuyo, haciendo exactamente lo que hacen los bichos cuando uno deja de esperar que posen: moverse, gritar, esconderse, aparecer de nuevo y obligarte a estar atento; estas dos fotos son el resultado de aquella interrupción gastronómica.
Y ya que estamos hablando de fotos, aproveché esta nueva tanda para probar un nuevo seteo de edición, utilizando algunas de las últimas herramientas disponibles en Photoshop CC 25.12. Después de tantos años editando fotografías, uno pensaría que ya está todo aprendido pero no. Cada tanto aparece alguna herramienta nueva, alguna posibilidad diferente o alguna forma de trabajar que obliga a volver a experimentar un poco. Y eso también forma parte de este asunto de la fotografía, sacar la foto es solamente una parte de la historia.
La otra empieza bastante después, frente a la computadora.
Así que hoy tenemos dos fotos, un cuervo de la Española, un lindo recuerdo de una isla del Caribe, un nuevo experimento de edición...
Y una langosta que tuvo que esperar unos minutos porque, evidentemente, los cuervos tenían otros planes para mi almuerzo.
Y la verdad...
No me arrepiento.


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