Hay aves que te llenan los ojos al primer intento, y hay otras que se convierten en una hermosa y obsesiva persecución a lo largo de los años. Para quienes recorremos la selva de la Provincia de Misiones con la cámara a cuestas, la biodiversidad es un regalo diario, pero existen ciertos tesoros que la tierra colorada se reserva solo para los más pacientes.
En mi opinión, uno de ellos es una de las criaturas más fascinante y esquiva de nuestra avifauna; el Bailarín Naranja (Pipra fasciicauda).
Llevo 18 años capturando la vida silvestre a través de mi lente y, en casi dos décadas de caminatas silenciosas, solo he logrado fotografiarlo en tres lugares bien específicos. Uno de esos templos sagrados fue la reserva Surucuá, allá bien al norte de la provincia, un rincón mágico donde el tiempo parece detenerse y la selva te habla al oído.
De aquella mítica expedición junto a Luis Krause, y otros amigos ya conocidos por ustedes, nos quedaron recuerdos imborrables y fotos de archivo espectaculares que hoy vuelven a ver la luz para ilustrar este relato. Esa salida tuvo una mística especial; para Luis fue su gran desquite, ya que venía con la espina de no haber podido fotografiar al bailarín blanco y la selva lo compensó con creces regalándole este encuentro; en mi caso fue exactamente al revés, pero así es el azar hermoso de la fotografía de naturaleza.
Un destello imposible en la penumbra:
El gran desafío de este habitante de la selva paranaense no es solo su escasez, sino su comportamiento. A diferencia de otras aves que juegan en las copas de los árboles calados por el sol, el macho del Bailarín Naranja prefiere el estrato medio y bajo; se mueve en la penumbra del sotobosque denso y oscuro. Físicamente, el macho es una obra de arte viviente, un capuchón, espalda y pecho de un anaranjado encendido —como una brasa viva en medio del follaje— que contrasta de manera dramática con sus alas y cola negras, y un ojo grande de un iris blanco penetrante.
La hembra, en cambio, viste un plumaje verde oliva perfecto para fundirse con la vegetación, compartiendo esa mirada blanca tan particular.Su nombre le hace justicia a su increíble ritual de cortejo. Los machos se agrupan en pequeños territorios acotados (denominados "leks") donde realizan elaboradas coreografías y despliegues de movimientos coordinados acompañados de silbidos nasales descendentes para deslumbrar a las hembras.
El problema para el fotógrafo es que, aun cuando su canto delata que está a escasos metros, su timidez lo mantiene estático y oculto tras densas cortinas de tacuaras y enredaderas.
La dificultad de registrar un mito:
Encontrar un registro del Bailarín Naranja en la provincia es toparse con una aguja en un pajar. Su distribución es extremadamente focal y acotada, restringiéndose casi en su totalidad al norte misionero, y una sola vez por el Sur, acá cerquita de Posadas, en sitios específicos como el Parque Nacional Iguazú o reservas privadas vecinas que conservan la selva en estado maduro y virgen.
Fotografiarlo exige dominar el arte de la frustración, poca luz, trabajar en el sotobosque oscuro obliga a forzar el equipo fotográfico al límite (ISOs altos, diafragmas muy abiertos); foco esquivo porque las ramas, tacuaras, y el denso follaje del sotobosque de su hábitat natural juegan constantemente en contra del enfoque automático.
Territorios contados:
Si no conocés el punto exacto y su vocalización, podés pasar semanas caminando sin ver siquiera un destello naranja. Por eso, repasar las fotos de Surucuá me despierta una profunda nostalgia y un respeto inmenso por la fragilidad de nuestra selva. Capturar la mirada de este bailarín no es solo presionar un disparador; es el premio a la constancia, el frío de las madrugadas, el calor húmedo de Misiones y, sobre todo, la fortuna de haber estado en el lugar correcto, en el momento exacto, donde la magia decidió mostrarse.
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
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