El primer viaje después del timbre
Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después, y para mí, uno de los más hermosos fue colgar el portafolio y olvidarme del timbre. Después de tantos años de aulas, horarios, reuniones, planificaciones y corridas, llegó finalmente ese momento en que el reloj dejó de ser el que marcaba nuestros tiempos. Al poco tiempo de habernos jubilado de nuestras tareas docentes, mi hermana, mi cuñado y yo armamos las valijas y emprendimos un viaje hacia Santa Cruz para pasar unos días en Caleta Olivia. Antes de regresar a Posadas decidimos hacer una escala en el norte de Córdoba, más precisamente en Quilino. Lo que yo todavía no sabía era que aquel viaje, pensado simplemente como unos días de descanso y una oportunidad para compartir en familia, terminaría convirtiéndose en el escenario de mi primer registro del Soldadito chaqueño (Lophospingus pusillus).
La primera mañana en el pueblo amaneció radiante. Con mi cuñado decidimos salir a caminar por el barrio, recorriendo esas calles polvorientas tan típicas de la región, con el único propósito de que él pudiera saludar a amigos y conocidos de su infancia. Para él era un pequeño viaje hacia los recuerdos; para mí, como casi siempre, cualquier caminata podía transformarse en una salida de observación. Y mi ojo de observador no tardó en distraerse con un detalle agridulce: me llamó poderosamente la atención la cantidad de gente que tenía jaulas en sus patios.
Cardenales, pepiteros de collar, jilgueros, reinamoras... y entre ellos, varios soldaditos. La escena me generó una mezcla difícil de explicar: por un lado, la fascinación de poder observar de cerca aves tan hermosas y, por otro, la tristeza y cierta ansiedad por verlas en el lugar al que realmente pertenecían. No podía dejar de pensar en lo diferente que debía ser contemplarlas entre los arbustos y el monte, moviéndose libremente, en lugar de detrás de los barrotes. Por eso no veía la hora de que llegara el momento de salir a recorrer los caminos rurales, bien alejados del pueblo, para buscarlos en libertad.
La espera no fue larga. Esa misma tarde salimos a explorar los alrededores de Quilino, internándonos por esos caminos polvorientos típicos de la región, donde el monte seco, los arbustos espinosos, los algarrobos y los cactus van dibujando un paisaje muy diferente al que estoy acostumbrado a ver en Misiones. Y allí estaban. El encuentro finalmente se produjo y pude lograr unas tomas más que interesantes, gracias también a un detalle que me sorprendió gratamente: lo confiado de su comportamiento.
El Soldadito chaqueño es un ave curiosa que suele moverse a baja altura o directamente en el suelo, buscando semillas entre la vegetación. En lugar de salir espantado ante mi presencia, se quedó lo suficientemente cerca como para regalarme sus mejores ángulos. Para alguien que estaba haciendo sus primeros viajes como jubilado y que todavía estaba descubriendo cómo sería esa nueva vida sin el apuro del calendario escolar, aquel encuentro tuvo algo de simbólico. Mientras lo fotografiaba, no pude evitar un pensamiento amargo: con razón son tan fáciles de capturar para el mascotismo. Su comportamiento confiado, sumado a su belleza, termina convirtiéndose en una desventaja cuando el ser humano decide que un ave silvestre tiene que decorar una jaula. Una pena enorme para un pájaro que despliega tanta gracia cuando es libre.
Un poco de ciencia sobre el Lophospingus pusillus:
Para quienes siguen el blog y quieren conocer también el lado más técnico de este amiguito, aquí les dejo algunos datos clave de la especie.
Identificación: Es una pequeña ave paseriforme de unos 13 centímetros de longitud. Lo que más destaca en el macho es su elegante copete negro, que contrasta fuertemente con sus cejas blancas y su garganta negra. Su dorso es grisáceo y el vientre más claro. Las hembras y los juveniles presentan tonos más pardos y apagados, sin el negro tan marcado en la cabeza.
Hábitat y distribución: Es una especie característica del bioma chaqueño de América del Sur. Se distribuye por el oeste de Paraguay, el sur de Bolivia y el norte y centro de Argentina. Su presencia en Quilino es un calco de su ambiente ideal: bosques secos, zonas de arbustos espinosos, algarrobos y áreas con cactus.
Alimentación y comportamiento: Son principalmente granívoros, es decir, se alimentan fundamentalmente de semillas, aunque durante la época reproductiva incorporan insectos a su dieta. Suelen andar en parejas o en pequeños grupos y, en ocasiones, pueden asociarse con otras especies de emberízidos.
A la distancia, puede parecer que aquel viaje fue simplemente uno más entre tantos. Pero para mí significó bastante más. Fue uno de los primeros viajes después de la jubilación, compartido con mi hermana y mi cuñado, y tuvo además ese ingrediente especial de permitirle a él reencontrarse con amigos y lugares de su infancia. Mientras ellos recuperaban recuerdos, yo comenzaba a construir otros nuevos, cámara en mano, descubriendo que ahora había algo que podía hacer sin mirar el reloj ni pensar en que al día siguiente había que volver a las aulas.
Este viaje post-jubilación no solo nos regaló anécdotas familiares inolvidables y el reencuentro con los afectos de la infancia de mi cuñado, sino también este valioso registro fotográfico. Ver al Soldadito chaqueño exhibir su copete en una rama seca del monte cordobés, libre y dueño de su entorno, fue mucho más que conseguir una nueva especie para mis archivos: fue una pequeña bienvenida a una etapa diferente de la vida.
Y quizás por eso, cada vez que vuelvo a mirar estas fotos, no veo solamente un Soldadito chaqueño. Vuelvo a ver aquellas calles de Quilino, los caminos polvorientos, el monte seco, el viaje compartido y esa sensación maravillosa de haber dejado atrás el timbre para empezar a escuchar otros sonidos. Entre ellos, por supuesto, el de las aves al retomar una vez mas esta apasionante actividad.
Mapa de distribución en América del Sur
Copyright de los mapas
Copyright-Ebird (www.ebird.org)
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
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