Después de lo que escribí ayer, de los incendios de pastizales, del fuego avanzando sin pedir permiso y de esa sensación de impotencia que queda cuando vemos cómo la naturaleza vuelve a perder, hoy les propongo hacer algo distinto; armemos las valijas y vámonos un ratito al Caribe.
No hace falta buscar pasajes ni revisar el pasaporte porque para este viaje alcanza con sentarse un momento frente a estas cuatro fotos y dejar que la vista se vaya hasta la Isla Saona, en República Dominicana, donde el agua tiene ese color turquesa que parece inventado, las playas parecen de postal y las aves que aparecen frente a la cámara nos recuerdan que el mundo es bastante más grande que nuestro pedacito de Misiones y Corrientes.
Hoy cambiamos por un rato el humo y el pastizal quemado por el azul del mar, el verde de las palmeras y unas gaviotas que, vaya uno a saber qué pensará de nosotros, se dejaron fotografiar mientras yo intentaba guardar en la cámara un poquito de ese paisaje paradisíaco.
Viajar también es esto, conocer otros lugares, descubrir otras aves, mirar paisajes diferentes y volver a casa con la cabeza un poco más despejada. Y a veces, cuando uno no puede viajar, también puede hacerlo con una fotografía.
Así que por hoy dejemos descansar un rato la bronca de ayer. Armen las valijas, acomódense y viajen conmigo hasta la Isla Saona.
Agua turquesa, arena, sol, palmeras y gaviotas.
Viajen ustedes también mirando estas fotos.
Después volvemos… porque el Caribe queda un poquito lejos y mañana seguramente tendremos que seguir cuidando lo que tenemos acá. 😉
Recuerdos de unas lindas vacaciones allá por el 2018.




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