Hay cosas que anuncian que una época del año está llegando mucho antes que cualquier calendario, y en mi caso una de ellas son mis infaltables despertadores de plumas. Por estos días empiezan a activarse nuevamente temprano, muy temprano, tanto que uno podría sospechar que el zorzal chalchalero y su primo, el zorzal colorado, viven directamente en un huso horario adelantado. Está oscuro todavía, uno sigue tratando de convencer al cuerpo de que falta bastante para levantarse y ellos ya están a full, cantando como si el sol estuviera por salir en cualquier momento.
El nombre “chalchalero” no es casualidad. Viene de uno de sus alimentos preferidos, los frutos del chalchal, también conocido como cocú, un arbusto nativo que produce esos pequeños frutos redondos y dulces que forman parte de su dieta. Y hay una curiosidad simpática detrás del nombre de aquel famoso conjunto folclórico salteño que todos conocemos como Los Chalchaleros: cuando comenzaron su historia, allá por 1948, eligieron ese nombre como una forma de representar sus comienzos, sintiendo que todavía eran aprendices y no grandes expertos en la música. Una coincidencia bastante linda, porque si hay algo que caracteriza al zorzal chalchalero es precisamente su condición de cantor incansable.
Como otros zorzales, tiene la particularidad de hacerse escuchar cuando buena parte del mundo todavía está dormida, especialmente al amanecer y también al caer la tarde. Su canto termina siendo parte del paisaje sonoro de pueblos y ciudades, y quizás por eso estos zorzales tienen también un lugar especial en nuestra cultura popular y en las tonadas del norte argentino, donde el zorzal aparece asociado a la libertad, al monte y a ese paisaje criollo que tantas veces encontró en las aves una manera de cantar.
Estas fotos son apenas un registro más de uno de esos personajes que, sin pedir permiso y mucho menos consultar el reloj, se encargan de recordarme que empezó nuevamente la temporada de los madrugones. Y mientras yo todavía estoy pensando si vale la pena abrir los ojos, ellos ya tienen clarísimo que el día comenzó hace rato. Definitivamente, mis despertadores tienen plumas y no conocen el botón de posponer alarma.


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