Hay encuentros que uno se cruza casi de casualidad y que terminan convirtiéndose en una de esas pequeñas escenas que quedan guardadas en la memoria. Esta vez, al costado del camino de acceso a Cambyretá, la protagonista era una verdadera reunión de Ipé chuirirí. Eran muchos, tantos que la cuenta la voy a hacer yo, porque si dejo que la hagan ellos probablemente todavía estén discutiendo quién llegó primero y quién se quedó con el mejor lugar.
Para quienes no conocen el nombre, Ipé chuirirí es uno de los nombres regionales que figuran para esta especie en la Guía de Aves de Argentina del Dr. Martín de la Peña, y reconozco que es de esos nombres que tienen algo especial, de esos que parecen venir cargados con un poquito de paisaje y de identidad regional. Por eso, esta vez quise que fueran ellos, los Ipé chuirirí, los que dieran título a esta reunión bastante particular.
Y claro, semejante cantidad de patos, juntos era una invitación imposible de rechazar para alguien con mis habituales delirios fotográficos, 12 para ser mas exactos los que logré fotografiar juntos. Porque una cosa es encontrarse con uno o dos y tratar de hacer una buena foto, y otra muy distinta es tener semejante reunión delante de la cámara y pretender que, aunque sea por un instante, todos miren para el mismo lado. Ese tipo de desafíos que uno se inventa solo, sin que nadie se los haya pedido y, por supuesto, sin ninguna posibilidad real de éxito.
Uno mira por el visor de la cámara, espera, encuadra, aguanta la respiración y piensa: "Ahora sí…". Pero el fotógrafo intenta y la Madre Natura dispone. Cuando uno mira hacia un lado, otro decide mirar hacia el otro; cuando finalmente varios parecen ponerse de acuerdo, alguno mete la cabeza debajo del agua; y cuando por fin casi todos están acomodados, aparece uno que evidentemente recibió la orden de hacer exactamente lo contrario.
Y como si no fuera suficiente con semejante desorden, entre tantos participantes apareció también uno bastante más tímido que el resto. Un verdadero avergonzado que, vaya uno a saber por qué, decidió esconderse detrás de los demás para no mostrar la cara en las fotos. Quizás no tenía ganas de salir en el blog, quizás todavía no había pasado por la peluquería o simplemente entendió antes que nosotros que no siempre es conveniente quedar expuesto en una reunión tan concurrida.
Así fue esta particular reunión de los Ipé chuirirí, una de esas escenas sencillas que ofrece el camino de Cambyretá cuando uno va con los ojos atentos y la cámara preparada. No hubo manera de conseguir la foto perfecta, con todos mirando obedientemente hacia el mismo lugar, pero justamente ahí está también parte de la gracia de fotografiar aves: intentar ordenar en una imagen lo que la naturaleza se empeña en mantener desordenado.
Y mientras yo seguía esperando ese imposible momento de sincronización, ellos continuaban con su vida, bastante más despreocupados que el fotógrafo que estaba del otro lado del camino tratando de ponerlos de acuerdo. Al final, como casi siempre, la naturaleza ganó por goleada… y nosotros nos quedamos con una secuencia de fotos y una buena historia para contar.
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.



