Hoy tengo que reconocerlo: estas dos fotos del chiricote me gustan muchísimo. Y sí, son fotos mías, así que por una vez me voy a permitir decirlo sin vueltas: son dos fotones. 😁 Claro que tampoco hay que sacar conclusiones apresuradas, porque no es que de repente me haya convertido en un fotógrafo extraordinario; de vez en cuando también me salen buenas fotos, muy de vez en cuando, generalmente cuando soy obediente y hago exactamente lo que tantas veces uno recomienda hacer cuando sale a fotografiar aves.
Esta vez fue en Ombú Chico, durante aquel último fin de semana de pajareo que compartimos los tres, con Willy y con Luisito Krause, disfrutando de esos días que hoy, con un poco de distancia, se extrañan bastante. La escena no tenía ningún secreto ni requería de grandes maniobras: yo estaba sentado junto a Willy, mate de por medio, a unos tres metros del comedero, esperando tranquilamente que alguno de los visitantes habituales decidiera regalarnos una oportunidad. La cámara estaba armada sobre el trípode, sin flash, lista para disparar cuando apareciera el modelo indicado.
Y apareció el chiricote.
Ahí entró en juego esa parte aburrida pero fundamental de la fotografía de aves: apertura máxima permitida por mi lente para aprovechar al máximo la luz disponible, ISO bajo para evitar que el ruido arruinara el detalle y una velocidad que me permitiera congelar el movimiento sin sacrificar calidad. Nada de perseguirlo por el monte, nada de acercamientos imposibles, nada de hacer malabares con la cámara. Simplemente sentarse, esperar y estar preparado.
Y acá aparece otra de esas pequeñas verdades que uno aprende con los años: muchas veces la buena foto no depende solamente de tener una gran cámara o de encontrar un ave extraordinaria, sino de estar en el lugar correcto, tener el equipo preparado y, sobre todo, no apurarse. Cuando el fotógrafo deja de molestar al fotógrafo y empieza a hacerle caso a la técnica, las cosas suelen funcionar bastante mejor. 😄
El chiricote se quedó el tiempo suficiente, la luz acompañó, el fondo ayudó y, por una vez, todos los planetas parecieron alinearse. Yo solamente tuve que hacer mi parte y apretar el disparador.
Así que hoy no hay grandes aventuras ni historias de persecuciones detrás de una especie difícil. Hay dos fotos, un chiricote tranquilo, unos mates compartidos con Willy y el recuerdo de aquel fin de semana junto a Luisito en Ombú Chico. A veces eso alcanza y sobra.
Disfruten del resultado... que no todos los días me salen dos fotones así. 😉


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