Antes de finalizar este día Sábado y que me llame la cama comparto estas dos fotos de Pecho amarillo grande obtenidas a la salida de nuestra última visita a Ombú Chico.
Durante los primeros kilómetros del camino, y antes de que amanezca, Luis ya me iba preparando para lo que me esperaba más adelante. Yo conocía perfectamente ese recorrido y tenía grabada en la memoria la imagen de los interminables pinares que acompañaban la llegada al club. Por eso el golpe fue todavía mayor.
Algo había visto en Google Earth sobre los desmontes en las forestaciones de pinos, pero una cosa es mirar una imagen satelital y otra muy distinta es estar ahí. Donde antes había un corredor de pinos hoy aparece un paisaje completamente distinto. El paso de las máquinas no dejó solamente los árboles en el recuerdo; también transformó el suelo hasta volverlo irreconocible. Por momentos costaba creer que fuera el mismo lugar que tantas veces habíamos recorrido.
Son esos cambios que producen sensaciones encontradas porque uno entiende que las forestaciones se cosechan y vuelven a plantarse, pero no deja de impresionar la magnitud del trabajo cuando lo tiene delante de los ojos. El contraste entre el recuerdo y la realidad es demasiado grande como para que pase desapercibido.
Y, sin embargo, la naturaleza siempre encuentra la manera de recordarnos que sigue ahí. A pesar del paisaje transformado, las aves continúan ocupando su lugar. Algunas se fueron, otras aparecerán con el tiempo y muchas siguen acompañando el camino como si nada hubiera pasado.
Estos Pecho amarillo fueron una de esas despedidas que terminan levantándole el ánimo a cualquier pajarero. Un lindo broche para una jornada cargada de contrastes, de recuerdos y también de la esperanza de que, aun en escenarios cambiantes, siempre habrá algún pájaro dispuesto a robarnos una última foto antes de salir al asfalto mientras emprendemos el regreso.
Marcelo Allende/Aves del NEA.
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
1 ago 2026
La revancha del Bailarín blanco.
Hay especies que, además de recorrer unos cuantos kilómetros para encontrarlas, también exigen una segunda oportunidad.
Estas dos fotos del bailarín blanco son de Luis Krause y forman parte de esa enorme colección de imágenes que el también tiene, y por una cosa o por otra, todavía esperan su turno para salir del disco rígido.
Fueron obtenidas en Surucuá Reserva Eco Lodge, en el norte de Misiones, sobre el borde del río Iguazú. Prácticamente es el único rincón de la provincia donde este pequeño y elegante bailarín puede observarse con cierta regularidad, motivo suficiente para que más de un pajarero sueñe con conocer el lugar.
Lo curioso es que ésta fue la segunda visita de Luis a Surucuá. En la primera habíamos ido un grupo de amigos y el bailarín apareció, pero las circunstancias hicieron que se quedara sin fotos. Nuestro amigo Seko Pradier estaba grabando el canto del ave y Luis, lejos de pensar solamente en llevarse la imagen, prefirió no arruinar la grabación con la ráfaga del disparador. Guardó la cámara, disfrutó el momento y dejó que el sonido fuera el protagonista.
La fotografía tendría que esperar; y esperó... hasta el siguiente viaje, unos cuatro años después. Esta vez el bailarín volvió a regalarse, la cámara pudo trabajar tranquila y la deuda quedó saldada.
Son esas pequeñas historias que casi nunca se ven cuando uno mira una foto terminada. Detrás de una imagen muchas veces hay kilómetros recorridos, madrugones, regresos con las manos vacías y, de vez en cuando, algún gesto de compañerismo que vale tanto como la fotografía misma.
Al final, el bailarín blanco terminó posando para Luis. Y, viendo el resultado, la espera realmente valió la pena.
Estas dos fotos del bailarín blanco son de Luis Krause y forman parte de esa enorme colección de imágenes que el también tiene, y por una cosa o por otra, todavía esperan su turno para salir del disco rígido.
Fueron obtenidas en Surucuá Reserva Eco Lodge, en el norte de Misiones, sobre el borde del río Iguazú. Prácticamente es el único rincón de la provincia donde este pequeño y elegante bailarín puede observarse con cierta regularidad, motivo suficiente para que más de un pajarero sueñe con conocer el lugar.
Lo curioso es que ésta fue la segunda visita de Luis a Surucuá. En la primera habíamos ido un grupo de amigos y el bailarín apareció, pero las circunstancias hicieron que se quedara sin fotos. Nuestro amigo Seko Pradier estaba grabando el canto del ave y Luis, lejos de pensar solamente en llevarse la imagen, prefirió no arruinar la grabación con la ráfaga del disparador. Guardó la cámara, disfrutó el momento y dejó que el sonido fuera el protagonista.
La fotografía tendría que esperar; y esperó... hasta el siguiente viaje, unos cuatro años después. Esta vez el bailarín volvió a regalarse, la cámara pudo trabajar tranquila y la deuda quedó saldada.
Son esas pequeñas historias que casi nunca se ven cuando uno mira una foto terminada. Detrás de una imagen muchas veces hay kilómetros recorridos, madrugones, regresos con las manos vacías y, de vez en cuando, algún gesto de compañerismo que vale tanto como la fotografía misma.
Al final, el bailarín blanco terminó posando para Luis. Y, viendo el resultado, la espera realmente valió la pena.
30 jul 2026
Siesta correntina, tres enfermos, y un Halconcito colorado.
Entrada para hoy...
Un recuerdo de una escapadita a Bahía Carayá, una siesta de ya ni me acuerdo de qué mes ni de qué año. Pero cuando me siente a escribir la entrada para en el blog, los datos EXIF de las fotos seguramente me van a hacer recordar hasta la hora exacta.
De lo que sí me acuerdo es que me fui con los dos mandriles, Lucho Lugo y Franco Steinhorst, en el Clío de Lucho.
Bitácora: 15/07/2019 15.39 horas; listo...click derecho, propiedades de archivo y los datos EXIF me refrescaron la memoria.
Eran esos años en los que todos estábamos atentos a los registros de aves que aparecían en las redes sociales y en los grupos de WhatsApp. Había un pajarraco nuevo para el país dando vueltas, uno que hizo que varios fotógrafos de Buenos Aires viajaran hasta Misiones, y al Noreste Correntino para fotografiarlo. Algunos son bastante más enfermos que nosotros... A nosotros también nos pega la enfermedad, pero la nuestra es bastante más asintomática, porque en lugar de recorrer mil kilómetros nos conformamos con hacer unos setenta.
La idea era registrar al bicho nuevo, pero mientras recorríamos la zona también apareció esta hembra de halconcito colorado, que hoy les comparto. Les confieso que tuve que sacar los libros para volver a recordar cómo diferenciar los sexos de esta pequeña rapaz. Después de varios años alejado del vicio, algunas cosas se oxidan.
Y el bicho nuevo... ese que también pudimos fotografiar los tres, se los dejo para otra historia. En honor a la verdad, se portó tan bien con nosotros que prácticamente pudimos escanearlo de tantas fotos que le sacamos.
Saludos para todos!!!
Un recuerdo de una escapadita a Bahía Carayá, una siesta de ya ni me acuerdo de qué mes ni de qué año. Pero cuando me siente a escribir la entrada para en el blog, los datos EXIF de las fotos seguramente me van a hacer recordar hasta la hora exacta.
De lo que sí me acuerdo es que me fui con los dos mandriles, Lucho Lugo y Franco Steinhorst, en el Clío de Lucho.
Bitácora: 15/07/2019 15.39 horas; listo...click derecho, propiedades de archivo y los datos EXIF me refrescaron la memoria.
Eran esos años en los que todos estábamos atentos a los registros de aves que aparecían en las redes sociales y en los grupos de WhatsApp. Había un pajarraco nuevo para el país dando vueltas, uno que hizo que varios fotógrafos de Buenos Aires viajaran hasta Misiones, y al Noreste Correntino para fotografiarlo. Algunos son bastante más enfermos que nosotros... A nosotros también nos pega la enfermedad, pero la nuestra es bastante más asintomática, porque en lugar de recorrer mil kilómetros nos conformamos con hacer unos setenta.
La idea era registrar al bicho nuevo, pero mientras recorríamos la zona también apareció esta hembra de halconcito colorado, que hoy les comparto. Les confieso que tuve que sacar los libros para volver a recordar cómo diferenciar los sexos de esta pequeña rapaz. Después de varios años alejado del vicio, algunas cosas se oxidan.
Y el bicho nuevo... ese que también pudimos fotografiar los tres, se los dejo para otra historia. En honor a la verdad, se portó tan bien con nosotros que prácticamente pudimos escanearlo de tantas fotos que le sacamos.
Saludos para todos!!!
29 jul 2026
Picnic en el aire
Entrada para hoy... nuevamente con fotos de archivo.
Tres imágenes de un Milano boreal, obtenidas durante aquellas torridas jornadas del verano misionero de hace unos tres años. Es otro integrante del selecto grupo de aves que, evidentemente, nació con el termostato fallado. Mientras la mayoría de nosotros busca desesperadamente un poco de sombra y una botella de agua fría, este muchacho parece disfrutar de los cuarenta grados como si nada.
Es una de esas rapaces que muchas veces pasan desapercibidas. Uno levanta la vista creyendo que va a ver otro jote dando vueltas y, de golpe, aparece una bandada de Milanos boreales patrullando el cielo con una elegancia impresionante.
Lo más entretenido es observarlo cuando sale de cacería. Aprovecha las explosiones de aguaciles que aparecen después de las lluvias y arma un verdadero picnic aéreo. No necesita posarse ni hacer demasiados esfuerzos porque captura los insectos en pleno vuelo con una precisión admirable y sigue su camino como si estuviera picando algo entre comidas.
En una de las fotos se alcanza a ver perfectamente una presa sujetada con una de sus patas. La mirada lo dice todo; ya tiene asegurado el bocado y está calculando el momento justo para llevárselo al pico sin dejar de volar. Hay que reconocerle la habilidad... algunos apenas podemos comer una empanada caminando y este es capaz de almorzar mientras hace acrobacias en el cielo.
Pequeños espectáculos que regala el verano misionero y que muchas veces pasan desapercibidos para quien no acostumbra andar con la vista puesta hacia arriba.
Y aunque los milanos suelen compartir el cielo con los jotes, hasta ahí llega la relación. A la hora de comer, las diferencias son evidentes. Mientras unos son felices con un menú bastante... podrido, el Milano boreal prefiere insectos recién salidos del horno, capturados en el aire y servidos en el momento. Definitivamente, tiene un paladar bastante más exquisito.
Sepan disculpar la calidad de las fotos, volaban demasiado alto y el recorte durante la edición tuvo que ser muy exagerado.
Tres imágenes de un Milano boreal, obtenidas durante aquellas torridas jornadas del verano misionero de hace unos tres años. Es otro integrante del selecto grupo de aves que, evidentemente, nació con el termostato fallado. Mientras la mayoría de nosotros busca desesperadamente un poco de sombra y una botella de agua fría, este muchacho parece disfrutar de los cuarenta grados como si nada.
Es una de esas rapaces que muchas veces pasan desapercibidas. Uno levanta la vista creyendo que va a ver otro jote dando vueltas y, de golpe, aparece una bandada de Milanos boreales patrullando el cielo con una elegancia impresionante.
Lo más entretenido es observarlo cuando sale de cacería. Aprovecha las explosiones de aguaciles que aparecen después de las lluvias y arma un verdadero picnic aéreo. No necesita posarse ni hacer demasiados esfuerzos porque captura los insectos en pleno vuelo con una precisión admirable y sigue su camino como si estuviera picando algo entre comidas.
En una de las fotos se alcanza a ver perfectamente una presa sujetada con una de sus patas. La mirada lo dice todo; ya tiene asegurado el bocado y está calculando el momento justo para llevárselo al pico sin dejar de volar. Hay que reconocerle la habilidad... algunos apenas podemos comer una empanada caminando y este es capaz de almorzar mientras hace acrobacias en el cielo.
Pequeños espectáculos que regala el verano misionero y que muchas veces pasan desapercibidos para quien no acostumbra andar con la vista puesta hacia arriba.
Y aunque los milanos suelen compartir el cielo con los jotes, hasta ahí llega la relación. A la hora de comer, las diferencias son evidentes. Mientras unos son felices con un menú bastante... podrido, el Milano boreal prefiere insectos recién salidos del horno, capturados en el aire y servidos en el momento. Definitivamente, tiene un paladar bastante más exquisito.
Sepan disculpar la calidad de las fotos, volaban demasiado alto y el recorte durante la edición tuvo que ser muy exagerado.
28 jul 2026
Atajacaminos Colorado Antrostomus rufus (Boddaert, P, 1783) Rufous Nightjar
El colorado que esperaba su turno...
Otra vez recurriendo al archivo; parece que se está haciendo costumbre, pero la verdad es que todavía quedan muchas fotos guardadas que nunca vieron la luz.
La de hoy tiene además una pequeña historia detrás porque estaba archivada en una carpeta que habíamos preparado con Luis Krause y Willy para un proyecto que, fiel a nuestro estilo, arrancó con mucho entusiasmo, tomó envión... y quedó en el camino. La idea era trabajar junto a la gente de Bosques del plata para mostrar la enorme riqueza de aves que alberga el Club Refugio Ombú, ese pequeño rincón correntino donde todavía sobrevive un pedacito de selva ribereña rodeado por interminables forestaciones de pinos y eucaliptos. El proyecto no prosperó, pero por suerte las fotos quedaron esperando su oportunidad. Y hoy le llegó el turno al protagonista.
El Atajacaminos colorado (Antrostomus rufus) pertenece a ese grupo de aves nocturnas que pasan la mayor parte del día inmóviles, perfectamente camufladas entre hojas secas, ramas o el suelo. Tan bien se esconden que muchas veces uno puede pasar a menos de un metro sin advertir que están ahí. Recién cuando deciden levantar vuelo aparece la sorpresa... y más de uno se pega un buen susto.
Es otro de los especialistas de la noche. Con su enorme boca captura insectos en pleno vuelo, guiándose en la oscuridad con una precisión asombrosa. Durante el día confía casi exclusivamente en su plumaje críptico, que lo vuelve prácticamente invisible. Como ocurre con muchas aves nocturnas, alrededor de los atajacaminos nacieron toda clase de mitos y supersticiones. En distintas regiones de Sudamérica se decía que anunciaban desgracias o que estaban ligados al mundo de los espíritus, simplemente porque aparecían cuando caía la noche y su canto resultaba tan extraño como inconfundible. Nada más alejado de la realidad. Son aves completamente inofensivas y, como tantas otras, víctimas de la imaginación popular. En Brasil reciben nombres muy pintorescos como dorminhoco o dorminhão, algo así como "dormilón", justamente por esa costumbre de permanecer quietos durante horas, confiando en que nadie descubra su presencia. Una sola foto alcanza para presentar oficialmente a esta especie en el blog. Mejor tarde que nunca. Después de tantos años esperando en una carpeta olvidada, este colorado finalmente encontró su lugar en Aves del NEA.
El chotacabras colorado, chotacabras rojizo, chotacabras rufo, chotacabra castaña, atajacaminos colorado, tapacamino moreno, aguaitacamino rufo, guardacaminos colorado o pocoyo rojizo (Antrostomus rufus) es una especie de ave de la familia Caprimulgidae que vive en Centro y Sudamérica.
Se encuentra en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, la Guayana francesa, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago y Venezuela.
Sus hábitats naturales son los bosques tropicales, tanto húmedos como secos, también puede vivir en las arboledas ampliamente degradadas y matorrales de sabana, principalmente en terrenos ondulados, hasta los 1000 m de altitud.
Descripción
En promedio mide 28 cm de longitud y pesa 95 g. Es de color castaño a rufo opaco, con vermiculaciones y con listas negras gruesas en la coronilla, la nuca y la espalda. La hembra es más clara y menos rufa. La cara y la garganta presentan barras y motas rufas y negras. Tiene una faja color anteada a través de la parte baja del pecho y el vientre y, coberteras infracaudales color ocre con barreteado negro. Presenta manchas negras con bordes color ante, en la zona escapular y en las coberteras alares y, barras rufas y negras en las remeras. Las terciales son color ante, con un jaspeado negro. La cola es rufa con pintas negras. La mitad dinferior de las tres plumas timoneras externas del macho, es blanca, con borde rojizo. El pico es corto, ancho y negro y las patas grisáceas.
Mapa de distribución en América Copyright de los mapas Copyright-Ebird (www.ebird.org)
Vocalización del Atajacaminos colorado
La de hoy tiene además una pequeña historia detrás porque estaba archivada en una carpeta que habíamos preparado con Luis Krause y Willy para un proyecto que, fiel a nuestro estilo, arrancó con mucho entusiasmo, tomó envión... y quedó en el camino. La idea era trabajar junto a la gente de Bosques del plata para mostrar la enorme riqueza de aves que alberga el Club Refugio Ombú, ese pequeño rincón correntino donde todavía sobrevive un pedacito de selva ribereña rodeado por interminables forestaciones de pinos y eucaliptos. El proyecto no prosperó, pero por suerte las fotos quedaron esperando su oportunidad. Y hoy le llegó el turno al protagonista.
El Atajacaminos colorado (Antrostomus rufus) pertenece a ese grupo de aves nocturnas que pasan la mayor parte del día inmóviles, perfectamente camufladas entre hojas secas, ramas o el suelo. Tan bien se esconden que muchas veces uno puede pasar a menos de un metro sin advertir que están ahí. Recién cuando deciden levantar vuelo aparece la sorpresa... y más de uno se pega un buen susto.
Es otro de los especialistas de la noche. Con su enorme boca captura insectos en pleno vuelo, guiándose en la oscuridad con una precisión asombrosa. Durante el día confía casi exclusivamente en su plumaje críptico, que lo vuelve prácticamente invisible. Como ocurre con muchas aves nocturnas, alrededor de los atajacaminos nacieron toda clase de mitos y supersticiones. En distintas regiones de Sudamérica se decía que anunciaban desgracias o que estaban ligados al mundo de los espíritus, simplemente porque aparecían cuando caía la noche y su canto resultaba tan extraño como inconfundible. Nada más alejado de la realidad. Son aves completamente inofensivas y, como tantas otras, víctimas de la imaginación popular. En Brasil reciben nombres muy pintorescos como dorminhoco o dorminhão, algo así como "dormilón", justamente por esa costumbre de permanecer quietos durante horas, confiando en que nadie descubra su presencia. Una sola foto alcanza para presentar oficialmente a esta especie en el blog. Mejor tarde que nunca. Después de tantos años esperando en una carpeta olvidada, este colorado finalmente encontró su lugar en Aves del NEA.
El chotacabras colorado, chotacabras rojizo, chotacabras rufo, chotacabra castaña, atajacaminos colorado, tapacamino moreno, aguaitacamino rufo, guardacaminos colorado o pocoyo rojizo (Antrostomus rufus) es una especie de ave de la familia Caprimulgidae que vive en Centro y Sudamérica.
Se encuentra en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, la Guayana francesa, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago y Venezuela.
Sus hábitats naturales son los bosques tropicales, tanto húmedos como secos, también puede vivir en las arboledas ampliamente degradadas y matorrales de sabana, principalmente en terrenos ondulados, hasta los 1000 m de altitud.
Descripción
En promedio mide 28 cm de longitud y pesa 95 g. Es de color castaño a rufo opaco, con vermiculaciones y con listas negras gruesas en la coronilla, la nuca y la espalda. La hembra es más clara y menos rufa. La cara y la garganta presentan barras y motas rufas y negras. Tiene una faja color anteada a través de la parte baja del pecho y el vientre y, coberteras infracaudales color ocre con barreteado negro. Presenta manchas negras con bordes color ante, en la zona escapular y en las coberteras alares y, barras rufas y negras en las remeras. Las terciales son color ante, con un jaspeado negro. La cola es rufa con pintas negras. La mitad dinferior de las tres plumas timoneras externas del macho, es blanca, con borde rojizo. El pico es corto, ancho y negro y las patas grisáceas.
Mapa de distribución en América Copyright de los mapas Copyright-Ebird (www.ebird.org)
Vocalización del Atajacaminos colorado
27 jul 2026
Un fantasma con plumas... para mí
Hay aves que aparecen enseguida y otras que parecen disfrutar poniendo a prueba la paciencia de uno.
Con el Ñacurutú ya perdí la cuenta de las veces que estuve cerca. Desde que empecé con esto de fotografiar aves, allá por el 2007 o 2008, escuché su voz unas cuantas veces; esa mezcla de misterio y respeto que transmite en medio de la noche no se olvida fácilmente. Pero verlo... eso es otra historia.
Mientras tanto, los amigos hacen su parte para aumentar mi frustración, Nico ya lo fotografió en Misiones hace varios años y, en esta oportunidad, vuelve a ser el responsable de estas imágenes, tomadas en las Termas de Federación, Entre Ríos. Yo, fiel a mi costumbre con esta especie, sigo acumulando relatos ajenos y fotografías prestadas.
No sé si será por todo el folclore que rodea al Ñacurutú. Desde chicos nos llenaron la cabeza con historias que lo presentan como un ave de mal agüero, mensajera de desgracias o visitante incómodo de las noches de campo. Como ocurre con tantas otras rapaces nocturnas, la ignorancia terminó convirtiéndolo en protagonista de infinidad de supersticiones.
Para mí, en cambio, el Ñacurutú significa otra cosa; es esa especie que siempre parece estar un paso adelante, La escuché varias veces, sé que estuvo cerca, revisé cada rama con la linterna, afiné la vista... y cuando creí que la viba a encontrar, desaparecía como si nunca hubiera estado allí.
A esta altura ya no sé si estoy buscando un búho o un fantasma con plumas.
Pero bueno... tarde o temprano nos vamos a cruzar. Y ese día, después de casi veinte años de búsqueda, les aseguro que la emoción va a ser mucho más grande que la fotografía.
Con el Ñacurutú ya perdí la cuenta de las veces que estuve cerca. Desde que empecé con esto de fotografiar aves, allá por el 2007 o 2008, escuché su voz unas cuantas veces; esa mezcla de misterio y respeto que transmite en medio de la noche no se olvida fácilmente. Pero verlo... eso es otra historia.
Mientras tanto, los amigos hacen su parte para aumentar mi frustración, Nico ya lo fotografió en Misiones hace varios años y, en esta oportunidad, vuelve a ser el responsable de estas imágenes, tomadas en las Termas de Federación, Entre Ríos. Yo, fiel a mi costumbre con esta especie, sigo acumulando relatos ajenos y fotografías prestadas.
No sé si será por todo el folclore que rodea al Ñacurutú. Desde chicos nos llenaron la cabeza con historias que lo presentan como un ave de mal agüero, mensajera de desgracias o visitante incómodo de las noches de campo. Como ocurre con tantas otras rapaces nocturnas, la ignorancia terminó convirtiéndolo en protagonista de infinidad de supersticiones.
Para mí, en cambio, el Ñacurutú significa otra cosa; es esa especie que siempre parece estar un paso adelante, La escuché varias veces, sé que estuvo cerca, revisé cada rama con la linterna, afiné la vista... y cuando creí que la viba a encontrar, desaparecía como si nunca hubiera estado allí.
A esta altura ya no sé si estoy buscando un búho o un fantasma con plumas.
Pero bueno... tarde o temprano nos vamos a cruzar. Y ese día, después de casi veinte años de búsqueda, les aseguro que la emoción va a ser mucho más grande que la fotografía.
"El Pantanal"; el restaurante del Club Refugio Ombú.
Para ir retomando la actividad después de unos días de ausencia nada mejor que volver con dos fotos recién salidas del horno, tomadas en la última pajareada con Luicho Krause en el Club Refugio Ombú.
El protagonista de hoy es un zorzal sabiá que se arrimó al comedero para inspeccionar el menú del día. Se ve que la oferta le resultó interesante porque, después de un vistazo de rutina, se quedó un buen rato aprovechando el maíz y el arroz partido que habían quedado. En realidad, eran las sobras que dejaron las urracas caraduras... aunque hablar de "sobras" es un decir. Esas tipas comen de todo; estoy convencido de que si algún día les servís una pizza, también la hacen desaparecer.
Las fotos, para variar, las saqué desde la comodidad de un sillón porque los años no vienen solos y, aunque las piernas todavía responden, hace rato descubrí que es mucho más inteligente dejar que sean las aves las que se acerquen al fotógrafo. Uno se mueve menos, las espanta menos y, de paso, las fotos suelen salir bastante mejor. A esta altura de la vida aprendí que la paciencia cansa mucho menos que caminar detrás de un pájaro... y encima da mejores resultados. Saludos... y buena semana para todos!!!.
Las fotos, para variar, las saqué desde la comodidad de un sillón porque los años no vienen solos y, aunque las piernas todavía responden, hace rato descubrí que es mucho más inteligente dejar que sean las aves las que se acerquen al fotógrafo. Uno se mueve menos, las espanta menos y, de paso, las fotos suelen salir bastante mejor. A esta altura de la vida aprendí que la paciencia cansa mucho menos que caminar detrás de un pájaro... y encima da mejores resultados. Saludos... y buena semana para todos!!!.
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