Hoy, una sola foto, un naranjero, fotografiado en el patio de casa, en uno de esos días que últimamente parecen haberse convertido en la norma; cielo gris, luz complicada y ese fondo sin información que nos obliga a pensar un poquito más antes de apretar el disparador, y quizás justamente por eso esta foto me sirve como excusa para hablar de fotografía; pero también para hablar de otras cosas, porque después de tantos años haciendo fotos, enseñando, compartiendo información, explicando técnicas y contando lo poco o mucho que uno fue aprendiendo a fuerza de prueba y error, hay cosas que inevitablemente terminan apareciendo.
Y esta entrada viene con bastante lectura.
Así que si solamente vinieron a mirar la foto del naranjero... pueden hacerlo ahora y seguir de largo; pero si tienen ganas de quedarse, hoy vamos a hablar de fotografía, y de algunas experiencias que, con los años, también terminaron enseñándome cosas.
No avivar giles...
Hay un refrán bastante conocido que dice que no hay que avivar giles, y nosotros, como grupo, alguna vez metimos la pata, la metimos bastante.
Durante años compartimos información, lugares, técnicas, datos, observaciones, formas de encontrar determinadas especies y, sobre todo, enseñamos... porque enseñar siempre fue parte de mi manera de entender esta actividad; quizás porque, lamentablemente, fui docente de profesión. Y digo "lamentablemente" con una sonrisa, porque ser docente tiene algunas consecuencias bastante difíciles de sacarse de encima.
Uno termina explicando todo.
Hasta cuando nadie preguntó.
Uno termina mostrando cómo se hace.
Uno termina compartiendo lo que sabe.
Y muchas veces termina enseñándole a alguien que, al poco tiempo, aprende, progresa, mejora y después te pasa por arriba, y está perfecto porque eso es precisamente enseñar.
El problema aparece cuando uno descubre que no todos entienden la palabra compartir de la misma manera; a nosotros nos pasó, y más de una vez. Por enseñar demasiado, por contar demasiado, por mostrar demasiado, por creer que todos jugábamos el mismo juego y que el objetivo era disfrutar de las aves, aprender y mejorar entre todos.
Con el tiempo descubrimos que no siempre era así y nos cagaron.
A mí particularmente, y también nos cagaron como grupo.
Pero bueno... ya está.
Con los años uno aprende que algunas batallas no vale la pena seguir peleándolas; y también se aprende que guardar resentimientos consume una cantidad de energía enorme que tranquilamente puede utilizarse para algo mucho más divertido, por ejemplo volver a sacar fotos, como en este caso fotografiar un naranjero.
Pero hay cosas que no aprendí a guardarme, el problema es que yo nunca fui demasiado bueno para guardarme información, nunca.
Si aprendía algo que podía servirle a otro, lo contaba.
Si encontraba una especie, explicaba dónde.
Si descubría una técnica que funcionaba, la compartía.
Si alguien preguntaba cómo había hecho una foto, explicaba.
Si alguien necesitaba editar sus fotos les enseñaba.
Si necesitaban los programas para edición, se los instalaba.
Y si alguien quería aprender fotografía, mucho más todavía.
Porque siempre entendí que la mejor manera de aprender algo es justamente entender por qué funciona; no copiar una configuración, no memorizar un número, no preguntarle a otro:
—¿Qué ISO usaste?
Y poner exactamente lo mismo porque eso sirve poco, la que lo que realmente sirve es entender qué estaba pasando cuando esa persona tomó la fotografía y es donde ahí aparece el tema de hoy.
¿Qué hacemos cuando el cielo está gris?
Esta foto del naranjero es un buen ejemplo, cielo completamente gris, sin textura, sin información de color, sin contraste., en resumen una de esas situaciones en las que la cámara, si la dejamos trabajar completamente sola, muchas veces decide hacer algo que nosotros no queremos, porque la cámara no sabe que nosotros queremos fotografiar un naranjero; la cámara solamente sabe que tiene delante una determinada cantidad de luz.
Y mide, mide todo, el cielo, el ave, el fondo. las ramas, las zonas claras, las zonas oscuras. Y después intenta encontrar un promedio que, desde el punto de vista del equipo, sea correcto.
El problema es que ese promedio muchas veces es absolutamente incorrecto para nosotros, porque yo no quiero una fotografía técnicamente equilibrada de un cielo gris, quiero fotografiar el pájaro, quiero que aparezca el color, quiero que el naranjero sea el protagonista; y ahí aparece la principal razón por la cual siempre preferí trabajar en modo manual.
El exposímetro no es el que manda
Hay algo que todavía me preguntan muchísimo:
¿Y el exposímetro? y mi respuesta suele ser bastante simple, el exposímetro es una herramienta, no es el jefe.
La cámara mide., y yo decido. Esa diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la manera de fotografiar, el exposímetro intenta decirme cuál sería, según sus parámetros, una exposición adecuada.
Pero yo puedo decidir que esa exposición no me sirve, y en días nublados esto se vuelve particularmente importante porque tenemos un cielo enorme, gris y luminoso ocupando buena parte del encuadre mientras que el ave, en cambio, representa una superficie relativamente pequeña dentro de la composición de la toma.
Entonces la cámara mira todo ese gris y dice: "Perfecto, esto está bastante luminoso. "Voy a bajar la exposición."
Y nosotros miramos la fotografía después y decimos: "¿Y el color del pájaro dónde carajo está?"
Ahí está el problema porque la cámara hizo exactamente lo que tenía que hacer, el error fue nuestro por pedirle que decidiera algo que solamente nosotros sabemos qué queremos obtener.
Sobreexponer para recuperar el color
En esas situaciones, muchas veces necesito sobreexponer la toma, no porque haya aprendido una fórmula mágica, simplemente porque sé qué quiero.
Quiero información en el ave.
Quiero que aparezcan sus colores.
Quiero que ese naranja y ese azul claro tengan presencia.
Quiero separar al sujeto de ese fondo gris que, fotográficamente hablando, no me interesa demasiado, ni tampoco me aporta nada productivo a la toma.
Entonces puedo decidir subir la exposición respecto de lo que me propone el exposímetro.
Y acá hay algo fundamental; no existe una exposición correcta en términos absolutos, existe una exposición adecuada para la fotografía que queremos hacer.
Si estoy fotografiando un cielo dramático, probablemente voy a exponer pensando en el cielo.
Si estoy fotografiando una silueta, voy a hacer exactamente lo contrario.
Si estoy fotografiando un ave pequeña contra un cielo gris, probablemente mi prioridad sea el ave. La misma escena, tres decisiones completamente diferentes, y las tres pueden ser correctas.
El famoso triángulo de exposición
Y acá volvemos a algo que, para mí, sigue siendo la base de todo, el famoso triángulo de la fotografía.
Tres variables.
Velocidad de obturación.
Sensibilidad ISO.
Apertura de diafragma.
Nada demasiado misterioso, pero sí absolutamente fundamental; pueden buscar en google si les pica la curiosidad.
La velocidad determina cuánto tiempo permanece abierto el obturador.
La apertura determina cuánta luz entra y también influye sobre la profundidad de campo.
El ISO determina la sensibilidad del sensor y, al mismo tiempo, cuánto ruido vamos a aceptar en la fotografía.
Las tres variables están relacionadas; si modifico una, probablemente tenga que compensar con otra, y ahí empieza realmente la fotografía, porque mientras uno no entiende esa relación, termina siendo esclavo del equipo.
Recién cuando empieza a entenderla, el equipo se convierte simplemente en una herramienta y eso cambia todo.
Velocidad
Fotografiando aves, la velocidad suele ser una de mis primeras preocupaciones, un pájaro quieto no necesariamente está quieto, puede mover la cabeza, puede girar, puede acicalarse una pluma, puede saltar, puede salir volando, puede hacer absolutamente cualquier cosa justo después de que uno aprieta el disparador.
Por eso una velocidad suficientemente rápida puede ser la diferencia entre una fotografía nítida y una hermosa mancha de colores; y ni hablar de un ave en vuelo porque ahí ya entramos en otro baile.
ISO
Después está el ISO, durante muchos años tuvimos cierto miedo al ISO alto, el famoso "¡No subas el ISO porque mete ruido!". Bueno...Sí, mete ruido.
Pero prefiero una fotografía con algo de ruido y el ave congelada, que una fotografía limpia, impecable y perfectamente desenfocada, además hoy las herramientas de reducción de ruido permiten hacer cosas que hace unos años parecían directamente magia, así que tampoco hay que tenerle tanto miedo, el ISO es una herramienta, se usa cuando hace falta.
Diafragma
Y finalmente tenemos la apertura.
Acá también aparece otra de esas decisiones que muchas veces hacemos por costumbre; "Mi lente tiene f/4, entonces fotografío siempre a f/4." ¿Por qué?, porque puede, pero eso no significa que siempre convenga.
A veces necesito profundidad de campo.
A veces quiero aislar completamente al ave.
A veces necesito un poquito más de margen porque el sujeto está ligeramente de costado.
La apertura también es una decisión creativa, no solamente una cuestión de cuánta luz entra.
Entonces... ¿manual o automático? para mí, después de tantos años, la respuesta es bastante sencilla, Manual.
No porque sea más profesional, no porque usar automático esté mal, y muchísimo menos porque crea que quien fotografía en automático no sabe fotografiar, nada de eso.
Simplemente porque en manual yo decido, la cámara deja de interpretar mis intenciones y pasa a obedecer mis decisiones.
Yo determino la velocidad.
Yo determino la apertura.
Yo determino cuánto ISO estoy dispuesto a soportar.
Y yo decido qué parte de la escena quiero privilegiar.
Por eso digo muchas veces: "Yo saco la foto que quiero, no la que el equipo quiere", y esa frase, para mí, resume bastante bien lo que significa aprender fotografía.
Pero entonces... ¿hay una receta?
No.
Y acá viene quizás la parte más importante de todo esto, no hay una receta universal, no existe... día nublado = ISO 800 + f/6.3 + 1/1600, eso puede funcionar, o puede ser un desastre.
Depende de la luz.
Del ave.
Del fondo.
De la lente.
De la distancia.
De si el pájaro está quieto o moviéndose.
De si queremos congelar el vuelo.
De si tenemos que recuperar sombras.
De si el fondo es oscuro o claro.
De la cámara que estamos usando.
Y de algo muchísimo más importante; de lo que queremos conseguir.
La parte que no viene en ningún manual
Después de todo esto aparece una cuarta variable, una que no está en ningún triángulo, la que no está en ningún manual; la práctica, y quizás sea la más importante.
Porque podés leer cien tutoriales, podés mirar doscientas horas de videos, podés memorizar todos los valores de exposición, podés conocer tu cámara de memoria; pero cuando aparece el pájaro...
Hay que fotografiarlo.
Y ahí se termina la teoría.
El ave no espera.
No posa.
No vuelve a colocarse donde estaba porque nosotros tocamos mal un botón.
Y muchas veces la foto buena aparece en el medio de diez malas.
O de cincuenta.
O de cien.
No importa.
Cada fotografía que sale mal también enseña algo, una velocidad insuficiente, una exposición equivocada, un enfoque que se fue al fondo, un ISO demasiado alto, un ave que decidió volar justo cuando apretamos el disparador; todo eso suma experiencia. Y quizás ahí esté la verdadera enseñanza.
Después de tantos años, creo que terminé entendiendo que enseñar fotografía no consiste solamente en explicar qué botón hay que apretar, consiste en enseñar a mirar.
A mirar la luz.
A mirar el fondo.
A anticipar el movimiento.
A entender qué está haciendo la cámara.
A saber cuándo hacerle caso y cuándo decirle: "Gracias, pero esta vez decido yo."
Y también consiste en aprender a equivocarse, porque nadie nace sabiendo; yo tampoco.
Todo lo que aprendí y compartí salió de una mezcla bastante desordenada de lecturas, preguntas, pruebas, errores, aciertos, fotografías horribles, fotografías menos horribles y algunas que, de vez en cuando, salieron bastante bien; y después de tantos años fotografiando aviones y pajaritos sigo aprendiendo porque la fotografía tiene esa maravillosa costumbre de no terminar nunca.
Y sí... Quizás después de todo aquello de "no avivar giles", uno debería haber aprendido la lección.
Quizás tendríamos que haber sido un poquito más egoístas.
Quizás tendríamos que habernos guardado algunas cosas.
Pero no me sale, nunca me salió porque fui docente, y uno puede jubilarse de la escuela, puede dejar de dar clases, puede dejar de corregir trabajos, puede dejar de escuchar:
"Profe, ¿esto está bien?"
Pero hay cosas que quedan, la necesidad de explicar la necesidad de compartir, las ganas de que otro aprenda.
Así que, a pesar de todo lo que pasó, hoy vuelvo a hacer exactamente lo mismo.
Comparto.
Explico.
Y regalo lo que aprendí.
Después cada uno hará con esa información lo que quiera, algunos la usarán para mejorar sus fotografías, otros quizás ni siquiera terminen de leer esta entrada, y alguno, seguramente, va a pensar que estoy completamente equivocado y también está perfecto porque la fotografía es así.
Y mientras tanto, seguiremos teniendo estos cielos grises.
Porque parece que un nenito bastante travieso anda haciendo de las suyas allá por el Pacífico y nos está mandando una colección de días nublados que ya empieza a convertirse en nuestro pan de cada día, así que habrá que aprender a fotografiar también con esa luz porque al final de cuentas, la mala luz no existe, existe la luz que todavía no aprendimos a aprovechar, y quizás ese sea el verdadero objetivo de todo esto; no sacar siempre la foto perfecta, sino entender cada vez un poquito mejor por qué una fotografía salió como salió y la próxima vez hacerla mejor.
El naranjero de hoy quizás no sea la fotografía más espectacular que haya pasado por este blog, es una sola foto, pero detrás de ella hay muchos años.
Muchos pájaros, muchos amigos, muchos errores, muchas enseñanzas, y unas cuantas cagadas también.
Porque de eso se trata todo esto, de seguir aprendiendo, de seguir mirando de seguir fotografiando, y, cuando se puede...
de seguir compartiendo.
Gracias por leer.
Marcelo Allende.
Aves del NEA.
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
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