Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

15 sept 2026

El mirasol y el pirizal

Hay fotografías que uno publica enseguida y otras que quedan años en el archivo, esperando su momento. Algunas no convencen, otras fueron tomadas en malas condiciones y muchas, vaya uno a saber por qué, permanecen en ese limbo al que volvemos de vez en cuando con la promesa de editarlas algún día. Hoy le tocó el turno a una de esas imágenes pendientes, un mirasol estriado fotografiado hace unos cuantos años en uno de los pirizales del Portal Norte del Parque Nacional Iberá.
Pero antes de hablar del mirasol, vale la pena detenerse en el lugar donde fue fotografiado. Cuando salimos a buscar aves solemos concentrarnos en encontrar al sujeto, acercarnos, conseguir buena luz y volver con un retrato satisfactorio; sin embargo, no siempre el ave tiene que ser el centro absoluto, a veces el ambiente también tiene mucho para decir, y esta fotografía es un buen ejemplo. El mirasol estriado comparte protagonismo con el pirizal, un hábitat particular de los Esteros del Iberá donde determinadas especies pasan buena parte de su vida.
Los pirizales pueden ser complicados para quienes intentamos encontrar un pájaro entre tanta vegetación. Tallos, hojas y ramas se convierten en obstáculos, y aun teniendo al ave localizada uno puede pasar un buen rato buscando una ventana que permita verla con claridad. Cuando finalmente aparece, suele durar apenas unos segundos porque el ave se mueve, desaparece detrás de los tallos que se mueven con el viento y la búsqueda empieza otra vez.
El mirasol estriado tampoco suele llamar demasiado la atención. Su plumaje y su comportamiento le permiten pasar desapercibido, así que encontrarlo ya es una alegría. En este caso, además, entre la cámara y el ave había casi 60 metros, una distancia considerable para fotografiar a una especie que se confunde tan bien con el ambiente.
Y ahí estaba él, atento a mis movimientos. Uno puede quedarse quieto y moverse despacio, pero las aves parecen tener un radar para detectar cualquier presencia extraña. Para él yo era alguien poco habitual en ese paisaje; para mí, una especie que intentaba fotografiar y que, por suerte, decidió concederme unos instantes.
Lo curioso es que esta fotografía es apenas mi segundo registro de mirasol estriado en los 18 años que llevo fotografiando aves. Dieciocho años de salidas, caminatas, madrugones, mates, amigos y kilómetros recorridos, para que los registros de esta especie todavía puedan contarse con los dedos de una mano, y todavía me sobran dedos. Así es la fotografía de aves, algunas especies aparecen todo el tiempo y otras se hacen esperar durante años. Cuando finalmente vuelven a aparecer, uno recuerda aquel encuentro anterior, aunque las fotos hayan quedado guardadas en algún rincón del archivo.
En una época en la que buscamos llenar la pantalla con cada detalle del plumaje, también es bueno recordar que la fotografía de naturaleza no siempre consiste en aislar al protagonista, mostrar un poco de su hábitat también es importante, ese pirizal es parte del ambiente que el mirasol estriado necesita; y aunque la imagen no sea desde un punto de vista estrictamente fotográfico la más espectacular, para mí tiene un valor especial; es una especie que no aparece todos los días, me permite volver a un lugar que siempre tiene algo para mostrar y me recuerda que no todas las fotos tienen que ser perfectas ni publicarse enseguida.
De eso también se trata salir a buscar aves, mirar más allá del sujeto principal, disfrutar el ambiente, aceptar que no siempre conseguiremos el retrato soñado y entender que algunas fotografías pueden mostrar también otras cosas.

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