Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

19 sept 2026

Experiencia, la otra herramienta fotográfica

Experiencia, aprendizaje, observación y conocimiento. Cuatro palabras que, con el tiempo, terminan teniendo bastante más importancia que la cámara que uno lleva colgada al cuello.
Las primeras veces que uno recorre un sendero de nuestra selva termina con el cuello y los brazos reventados de estar tanto tiempo mirando para arriba y apuntando con la cámara, tratando de conseguir alguna buena fotografía de un integrante de esta familia. Los trepadores tienen esa particularidad, generalmente están allá arriba, recorriendo troncos y ramas mientras uno, desde abajo, los sigue como puede con la cabeza levantada y los brazos extendidos. Después de un rato empezás a preguntarte si realmente saliste a fotografiar aves o a entrenar cervicales.
Pero con varias salidas encima, uno empieza a aprender. Primero observa, después presta atención y finalmente empieza a reconocer ciertas rutinas. Ya no se trata solamente de encontrar al ave, sino de entender qué está haciendo y, sobre todo, qué puede hacer después. Y ahí es donde la experiencia empieza a jugar a nuestro favor.
El trepador y sus parientes suelen recorrer el tronco ascendiendo en espiral, revisando cada rincón en busca de los insectos y otros pequeños invertebrados que forman parte de su alimentación. Cuando llega arriba, muchas veces vuela hasta el árbol siguiente, pero no necesariamente continúa desde donde terminó, baja hacia la parte inferior del nuevo tronco y vuelve a comenzar la misma rutina.
Y ahí cambia la historia. Porque si ya conocemos ese comportamiento, podemos dejar de perseguirlo con la cámara apuntando al cielo y esperar en el lugar donde sabemos que probablemente aparezca. El ave hace su trabajo, nosotros hacemos el nuestro y, de repente, las cosas se ponen bastante más fáciles.
Esos son algunos de los pequeños aprendizajes que solamente llegan con el tiempo, las salidas al campo y muchas horas mirando aves. La fotografía termina siendo casi una consecuencia de todo lo anterior. Primero hay que observar, después comprender y recién entonces aparece la oportunidad de hacer la foto.
Quizás esa sea una de las cosas más lindas que tiene esto de salir a fotografiar aves, con el tiempo uno no solamente aprende a reconocer especies, también aprende a leer sus movimientos, sus costumbres y sus pequeñas rutinas. Y cuando finalmente una de esas cosas aprendidas nos permite conseguir una buena fotografía, la satisfacción es distinta, porque detrás de esa foto hay algo más que un disparo; hay horas de observación y de aprendizaje.

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