Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

28 jun 2026

El fin de semana en que Roby se convirtió en chef.

Hace exactamente diez años emprendíamos una escapada de apenas dos días a Surucuá Reserva Ecolodge. Fueron de esos viajes que requieren mucha planificación, bastante logística... y una alineación planetaria casi perfecta para que todos pudiéramos coincidir en la fecha sin desacomodar demasiado el presupuesto familiar.
El punto de encuentro fue la casa de Luis Krause. Desde allí partimos en dos vehículos: el de Luis y el de Nico Pavese. En el cambio de autos, Roby dejó el suyo estacionado en la casa de Luis... y también dejó adentro un pequeño detalle sin importancia; su cámara fotográfica.
Después de recorrer más de 350 kilómetros, ya llegando a Andresito, el silencio dentro del auto seguramente fue más pesado que el equipaje cuando Roby cayó en la cuenta del olvido. Imagínense la escena. Y también imagínense la tensión para los que viajaban con él... porque el primero que se riera, cobraba.
Les confieso algo... ninguno de los que íbamos en el auto de Nico esbozó una sola sonrisa, absolutamente ninguna, en solidaridad con el amigo.
¿Me creen?
Les confieso que por una simple cuestión de solidaridad con el amigo durante ese triste momento no hemos sacado fotografía alguna, todos estábamos intentando arduamente de que desista de lo que estaba pensando hacer, quería tomarse un colectivo para volverse a Posadas. Afortunadamente logramos cumplir con el objetivo.
Llegamos a Surucuá, dejamos el cansancio de lado y, sin siquiera dormir, salimos derecho a recorrer los senderos. Lo bueno de que uno de los fotógrafos se quedara sin cámara fue que automáticamente nos aseguramos cocinero para todo el fin de semana. Hay que encontrarle el lado positivo a las cosas.


Claro que el cansansio y posteriormente el sueño empezaba a pasar factura. En una de las caminatas, Luis hizo gala de una habilidad que pocos poseen: se acostó a dormir... ¡en pleno sendero! Me tocó quedarme cerca haciendo guardia, por si algún felino hambriento encontraba el almuerzo servido. Por suerte, Luis tiene otra habilidad admirable: duerme veinte minutos, se reinicia como si nada y vuelve a caminar.


A los pocos metros, ya con el amigo Luis con las baterías recargadas, una pareja de Surucuá Amarillo nos regaló un encuentro inolvidable. La hembra, mucho más desconfiada, prefirió mantenerse a prudente distancia. El macho, en cambio, bajó a curiosear y le permitió a Luis apagar el flash para retratar esos increíbles tonos metalizados de la espalda que tanto llaman la atención cuando la luz acompaña. Ornitológicamente hablando aprovecho esta publicación para actualizar etiquetas de la especie ya que esta es otra que ha cambiado su nombre científico durante este tiempo en el que el blog estuvo inactivo.

Anécdotas como esta son las que terminan haciendo grande un viaje. Las especies registradas son importantes, claro que sí, pero los recuerdos compartidos con amigos son los que permanecen intactos después de tantos años. Cuando vuelvo a mirar las fotos diez años después no solo recuerdo las aves; también vuelven los kilómetros, las cargadas, los olvidos, las siestas improbables y esa linda locura de aquellos años de organizar un viaje entre todos sin poner en jaque a nuestras familias.
Mi agradecimiento una vez mas para Adrián Heredia y María Laura Alcaraz, que nos recibieron de maravillas y nos regalaron un fin de semana inolvidable en Surucuá. Diez años después, las fotos siguen emocionando... y las anécdotas siguen sacándonos una sonrisa.




Y así, entre fotos de aves y algunas fotografías sociales rescatadas del olvido, volvemos por un ratito a aquel fin de semana de hace diez años.
Que lindo es descrubrir que las imágenes no solo conservan especies y paisajes; también guardan risas, amistades, cargadas interminables y momentos que el tiempo no pudo borrar.
Al final, uno cree que sale a fotografiar pájaros, pero termina coleccionando historias también; y cuando pasan los años, muchas veces son esas historias las que mas valor tienen.
Gracias por acompañarme a revivir este pequeño viaje en el tiempo. Ojalá estas imágenes también les hayan arrancado una sonrisa, y quién sabe quizás despierten las ganas de volver a cargar los bolsos, revisar dos veces que la cámara esté en la mochila para salir otra vez a buscar nuevos recuerdos. Saludos para todos y buen Domingo !!!

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