Cada destino de vacaciones tiene su ritual, en mi caso, mientras el resto de la familia aprovechaba para dormir un rato más, mi teléfono celular vibraba cuando todavía era de noche, pero por esos raros motivos yo ya estaba despierto antes de que se active la alarma. Salir de la cama con el mayor sigilo, vestirme, preparar mis cosas, cargar la mochila con el equipo, la infaltable botella de agua, ponerme el sombrero y a caminar. Había investigado previamente que cerca del departamento que alquilamos en esa oportunidad para las vacaciones familiares del mes de Enero del año 2020 existía una una trilha interesante, era imposible desperdiciar esas primeras horas del día, justo cuando el monte comienza a desperezarse y las aves regalan sus mejores momentos.
Así fue mi rutina durante casi todas las mañanas en las que estuvimos,en Bombas, Santa Catarina. El objetivo era recorrer la Trilha da Galheta, un sendero costero que atraviesa uno de esos morros cubiertos por los últimos relictos de Mata Atlántica que aún sobreviven sobre el litoral brasileño, lugares que, por su relieve complicado, escaparon en gran medida al avance de los desmontes y todavía conservan una biodiversidad sorprendente.
Eso sí... recorrer esa trilha no era precisamente un paseo por la plaza. Piedras resbaladizas, subidas que parecían no terminar nunca, bajadas traicioneras, humedad que empapaba la ropa, el salitre del mar pegándose a la piel... y unas piernas cuyo estado atlético era, siendo generosos, bastante discutible.
Con los años fui aprendiendo una gran lección de la fotografía de naturaleza, correr detrás de los pájaros casi nunca funciona. Es mucho más efectivo buscar un buen lugar, sentarse tranquilo y dejar que el monte haga su trabajo. La paciencia saca siempre mejores fotos que el apuro.
Y esa estrategia volvió a dar resultado. Después de un rato de espera en la que el oído se acostumbra y aprende sobre la marcha los cantos de las aves del lugar apareció el protagonista de esta entrada al blog, el Chupadientes Enmascarado. Inquieto, curioso y siempre moviéndose entre la vegetación del sotobosque, me regaló varias oportunidades para fotografiarlo mientras recorría su pequeño territorio. Si uno intenta perseguirlo, desaparece. Pero si uno espera... tarde o temprano decide acercarse a curiosear.
El precio de aquellas fotografías llegó unas horas después, regresé al departamento con las piernas completamente detonadas, era ese hermoso dolor que deja una caminata exigente por un morro de la costa catarinense, mezcla de cansancio, satisfacción y la certeza de que el esfuerzo había valido la pena.
Por suerte, el deportista oficial de la familia, mi cuñado tomó cartas en el asunto y me enseñó una buena rutina de estiramientos para devolverles algo de dignidad a esas pobres piernas. Gracias a sus consejos, al día siguiente ya estaban nuevamente operativas... porque todavía quedaban un buen trecho de la trilha por recorrer, y con un poco de suerte, muchos pajaritos más esperando delante del lente
.
Al final, las mejores vacaciones nunca se miden por la cantidad de playas visitadas, sino por los recuerdos que uno vuelve a traer a casa. Y si esos recuerdos vienen acompañados de un ave nueva para el blog en esa oportunidad, y unos cuantos calambres en las piernas... mucho mejor.
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
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