Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

29 may 2026

Volviendo al ruedo, oxidados pero felices.

Mate en mano, mirando a la nada como quien busca respuestas en el humo tibio de la bombilla, me pregunto: “¿Vale la pena seguir con esto?...” Y yo creo que sí. Porque hacer lo que a uno le apasiona, y encima compartirlo entre amigos, no tiene precio. No siempre salen las fotos soñadas. No siempre aparecen las aves. A veces se vuelve cansado, otras veces cuesta encontrar ganas, tiempo o paciencia; pero después llega ese amanecer en el monte, esa charla en voz baja mientras el termo pasa de mano en mano, ese grito apurado de “¡ahí está!”, y uno entiende que nunca se trató solamente de fotografiar pájaros. Se trata de volver a sentirse vivo, de escapar un rato del ruido de todos los días, de reencontrarse con la naturaleza, con los amigos, y también con uno mismo. Porque al final, las mejores capturas no quedan en la tarjeta de memoria… quedan guardadas en la memoria del corazón. Volvimos al monte después de 8 años… hacía falta, ya se extrañaba, volvimos a recorrer la ruta provincial 204 desde Candelaria hasta profundidad, de casualidad, y agitados/invitados por Nico Pavese coincidimos con el día del Global big day que se celebró el pasado 9 de mayo. Recorriendo ese tramo de ruta me llevé la primer gran sorpresa del día al encontrarla toda asfaltada, hacía 7 años que no andaba por esos caminos, muchas historias compartidas allí en años anteriores, hablábamos con roby mientras el manejaba y yo cebaba los mates, y vino a la memoria la noche en la que recorriendo esa misma ruta entre atajacaminos alumbrados por las luces del auto de Nico, el nos contó que iba a ser papá. Volver a compartir una jornada entre amigos, disfrutando del hobby, no tiene precio, vuelta a las charlas divertidas, a un asadito y a algunas fotos… en ese orden. Ya volverá a afilarse la vista y el oído; porque ese día los pajaritos nos cagaron a palo; y yo hasta me olvidé de setear bien mi cámara =). Ellos seguían ahí, inquietos, escondidos entre ramas y sombras, como si supieran que uno venía oxidado. Y está bien… el monte también te pone a prueba antes de volver a abrirte la puerta del todo. Pero más allá de las especies vistas o de las fotos logradas, lo importante era volver a sentir ese silencio distinto que sólo existe allá adentro, mezclado con el canto de fondo y el humo del fuego entre amigos. Porque hay pasiones que nunca se abandonan de verdad; apenas quedan dormidas esperando el momento de regresar. Y ese pasado 9 de Mayo, aunque volvimos con menos registros que anécdotas, quedó clarísimo que extrañábamos exactamente esto.

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