Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

30 may 2026

Entre silbos, sombras y ruinas

Hoy les comparto estas tres fotografías de un Suirirí silbón, obtenidas al final de una jornada larga y hermosa de observación de aves en el sur de Misiones unos 10 años atrás. El día había comenzado temprano en el Parque Provincial Teyú Cuaré, recorriendo senderos y disfrutando de los ambientes únicos que ofrece esa joya misionera. Ya sobre la tarde, el destino fue cambiando y terminamos en las históricas Reducciones Jesuíticas de Loreto, un sitio que muchos visitan atraídos por sus ruinas, pero que también es un lugar extraordinario para quienes disfrutamos de mirar pajaritos. Fundada en el siglo XVII, Loreto fue una de las misiones jesuíticas establecidas en la región para evangelizar a los pueblos guaraníes. Hoy, entre los muros cubiertos por musgos, las piedras centenarias y la vegetación que lentamente reclama lo que alguna vez fue suyo, sobreviven también numerosos rincones donde las aves encuentran refugio. Caminar por allí al atardecer es una experiencia especial, donde historia y naturaleza parecen mezclarse en un mismo paisaje. Las fotografías que acompañan esta publicación tienen además un significado particular para mí. Fueron parte de mis primeros intentos de buscar una mirada diferente sobre esta especie, cansado de recurrir al flash, con la finalidad de iluminar la toma y encontrarme al final con 100 fotos arruinadas con los primeros planos completamente quemados, decidí dejarlo guardado en la mochila y trabajar únicamente con la luz disponible. No fue una tarea sencilla; la tarde ya se apagaba, la luz era escasa y el ave se movía bajo la cobertura vegetal, en un ambiente donde cada minuto significaba perder un poco más de iluminación. Sin embargo, justamente esas condiciones difíciles ofrecían una oportunidad interesante. Al prescindir del flash podía aprovechar ramas, hojas y otros elementos del entorno para generar desenfoques suaves, transparencias y distintos planos que aportaran profundidad a la imagen. Muchas veces, cuando utilizamos flash en situaciones similares, esos elementos cercanos se iluminan demasiado y terminan ocultando la atmósfera natural de la escena. Así que tocó subir el ISO, cuidar la velocidad, contener la respiración bastante a modo de estabilizador de imagen natural porque mi lente Sigma no contaba con esa gran ayuda, confiar en que la cámara registrara lo que mis ojos estaban viendo y cruzando los dedos de los pies a modo de amuleto para que este tiránido se digne a colaborar un poco conmigo bajando un poco del dosel de los árboles. Por suerte, al revisar las imágenes en el display de la cámara parecían acercarse bastante a la idea que tenía en mente. Y ahí apareció esa sensación que seguramente muchos fotógrafos conocen: la satisfacción de haber conseguido la foto buscada mezclada con la ansiedad de llegar a casa para descargar los archivos y verlos en el monitor de la computadora; porque todos sabemos que la historia no termina cuando se aprieta el disparador. Más de una vez una foto que parecía espectacular en la pantalla de la cámara resulta no ser tan buena al verla en grande. Y otras veces ocurre exactamente lo contrario, una imagen que pasó desapercibida en el campo termina revelando detalles y atmósferas que nos sorprenden horas o años después al revolver viejos archivos de fotografías. En esta ocasión, por suerte, la emoción del momento no me había engañado. Las fotos estaban ahí, exactamente como las había imaginado mientras el último sol de la tarde se filtraba entre las ruinas y la vegetación de Loreto.


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