Hay miradas que intimidan, otras transmiten curiosidad,y después está la de la lechucita vizcachera.
No parece sorprendida por la presencia del fotógrafo ni tampoco interesada. Apenas un vistazo de reojo, con esa expresión que mezcla calma e indiferencia, como si uno fuera apenas un detalle más del paisaje.
Mientras nosotros hacemos equilibrio, buscamos el mejor ángulo, controlamos la luz y cruzamos los dedos para que no salga volando... ella permanece donde está, completamente ajena al esfuerzo del otro lado de la cámara.
Quizás esa sea una de las cosas que más me atraen de esta especie. Tiene una personalidad difícil de describir, pero muy fácil de reconocer. Basta una mirada como esta para imaginar que ya nos vio hace rato... y simplemente decidió que no valía la pena prestarnos demasiada atención, siempre y cuando mantengamos las distancias y no ocupemos el espacio del otro.


No hay comentarios:
Publicar un comentario