Hay aves que parecen haber nacido para formar parte del paisaje argentino, uno recorre un camino de tierra, cruza un alambrado, ve un poste solitario en medio del campo... y casi espera encontrarlo allí, firme, mirando el horizonte como si fuera el dueño del lugar; el aguilucho colorado es una de ellas.
No necesita hacer piruetas en el aire para llamar la atención, le alcanza con esa postura serena, con esa mirada que parece conocer cada rincón del campo y con esa paciencia infinita para esperar el momento justo.
Después de casi diez años sin publicar fotografías de la especie en el blog, hoy le toca el turno a esta serie obtenida por el amigo Luis Krause en el camino de acceso al Club Refugio Ombú. Un sitio donde más de una vez las rapaces nos regalaron encuentros memorables y que, afortunadamente, sigue sorprendiéndonos.
Siempre digo que las aves son parte de nuestra identidad tanto como el mate, el chamamé o el color rojo de la tierra misionera. Algunas especies tienen esa capacidad de mezclarse con el paisaje de una manera tan natural que cuesta imaginar el campo sin ellas.
Por eso estas fotos no muestran solamente un ave rapaz, también retratan un pedacito de ese litoral que tanto queremos recorrer, cámara en mano, disfrutando de esos encuentros que hacen que cada salida valga la pena.
Gracias, Luis, por seguir aportando imágenes para que Aves del NEA continúe creciendo y para que, diez años después, el aguilucho colorado vuelva a ocupar el lugar que merece en estas páginas.




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