Garceta Tricolor
Egretta tricolor
(Müller, PLS, 1776)
Tricolored Heron
Nuevo estilo de publicaión del blog, elijo una anécdota de este nuevo registro para presentar estas fotos de un nuevo lifer para mi.
La madrugada todavía era un rumor cuando vibró el teléfono en mi mesita de luz en la habitación del hotel; todo seguía en silencio, y mientras mi esposa dormía aproveché para hacer uno de esos movimientos que todo observador de aves en vacaciones ( o estando en su casa ) conoce perfectamente, salir sin hacer ruido suficiente como para no despertar a nadie… ni provocar el clásico “¿otra vez te vas a sacar fotos a los pajaritos?”.
Con la cámara colgando del hombro y el equipo cuidadosamente protegido de la humedad, crucé el parquizado del hotel todavía en penumbras. El cielo comenzaba a aclararse sobre el horizonte caribeño y el aire pesado de Punta Cana ya anunciaba otro día húmedo y caluroso, después de la experiencia en Cuba aprendí una lección importante; aire acondicionado fuerte en la habitación y humedad tropical afuera son una combinación mortal para cualquier equipo fotográfico. Desde entonces, antes de salir, siempre dejo que el equipo se aclimate lentamente y lo protejo como si fuera oro. Porque en esos viajes uno puede olvidarse una remera… pero jamás permitir que la cámara y la lente se empañen.
Los empleados del hotel me miraban entre sorprendidos y divertidos porque no debían entender demasiado qué hacía un turista caminando solo antes del amanecer alrededor de la cancha de golf buscando aves entre lagunas y palmeras. Alguno saludaba, otro preguntaba qué estaba fotografiando, y seguramente más de uno habrá pensado que estaba bastante loco. Por suerte no era el único. En varias de esas salidas coincidí con un canadiense tan fanático como yo. Él recorría los lagos con binoculares en mano observando cada movimiento; yo hacía lo mío detrás de la cámara. Sin hablar demasiado compartíamos ese código universal de los madrugadores pajareadores.
Y fue justamente en uno de esos lagos de la cancha de golf donde apareció ella: la elegante garza tricolor, la famosa Egretta tricolor.
Es una especie estilizada y elegante, habitual en humedales costeros del Caribe, lagunas salobres, manglares y cuerpos de agua tranquilos como los de la cancha de golf del complejo hotelero Iberostar complejo de Punta Cana. Su combinación de colores la vuelve inconfundible, el dorso gris azulado oscuro, el cuello largo con tonos violáceos y blancos, y ese vientre claro que resalta cuando se mueve entre el agua poco profunda. Tiene una forma muy activa de alimentarse, mucho más inquieta que otras garzas. Corre, abre las alas, persigue peces pequeños y cambia constantemente de posición mientras caza. Verla trabajar en la primera luz del día, reflejada sobre el agua calma de los lagos, fue uno de esos momentos que justifican cualquier madrugón.
Aunque es relativamente habitual en la región de Punta Cana y otros sectores costeros del Caribe, para mí significaba un lifer nuevo, otra especie más sumada a la memoria y al corazón. Y quienes compartimos esta pasión sabemos perfectamente lo que eso significa. Esa mezcla de sorpresa, emoción y adrenalina que aparece apenas uno reconoce al ave y confirma que jamás la había visto antes. Durante unos minutos desaparece el hotel, las vacaciones, el cansancio… y sólo existe ese instante entre el fotógrafo y el pájaro.
Después de varias fotos y un buen rato observándola, el reloj empezaba a recordar que las vacaciones no eran exclusivamente mías. Tocaba guardar la cámara, volver caminando entre las palmeras y regresar al buffet antes de las nueve de la mañana. Porque sí… los pajaritos son una pasión enorme, pero la familia también merece su momento. Y compartir el desayuno todos juntos después de una salida exitosa siempre termina siendo parte de la aventura.
Comparto las imágenes obtenidas el día 21 de Enero del año 2018. Saludos para todos y gracias por leer!!
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