Hay aves que parecen disfrutar del desafío de pasar desapercibidas. Y pocas lo hacen tan bien como una becasina, pegada al suelo, inmóvil, escondida entre pastos, barro, y charcos de agua, puede estar a pocos metros y aun así resultar invisible para la mayoría.
Mientras avanzábamos despacio por el camino, algo mínimo llamó la atención al costado de una cuneta. Una forma apenas distinta del entorno obliga a mirar de nuevo, el chofer frena, y en escasos segundos ya está la cámara apuntando sin bajarse del auto registrando a esta esquiva ave perfectamente camuflada, confiando ella en su mimetismo.
Momentos donde uno entiende que muchas veces la diferencia no está en tener el mejor equipo, sino en el ojo entrenado después de años mirando cunetas, charcos, postes y pastizales buscando “algo”. Esa hermosa costumbre de escanear el paisaje automáticamente casi sin darse cuenta, costumbre en la que el ojo del fotógrafo de naturaleza una vez entrenado, difícilmente vuelve a mirar el mundo de manera común.
Recuerdos del PN. Iberá/Portal Cambyretá, allá por el año 2019, cuando ya estábamos dos años un poco alejados de la actividad, pero todavía estábamos un poco aceitados.



No hay comentarios:
Publicar un comentario