Buenos días, buenas tardes, buenas noches amigos!!!!
Hoy vuelvo a revisar algunas fotografías que habían quedado sin editar de aquel viaje familiar a República Dominicana en 2018, a veces uno piensa que ya mostró todo lo que tenía para mostrar de una salida o de un viaje, pero los años pasan, los discos rígidos guardan sorpresas y siempre aparece algunas imagenes que merecen la oportunidad de ser compartidas.
Estas fotografías de la Cotica fueron obtenidas durante las caminatas matutinas por los jardines del hotel mientras la mayoría de los huéspedes todavía dormía o disfrutaba del desayuno. Yo aprovechaba las primeras horas del día para recorrer senderos, escuchar cantos desconocidos y tratar de registrar algunas de las aves que frecuentaban el lugar.
En aquel día en particular mi atención estaba puesta casi exclusivamente en los loros; como suele ocurrir cuando viajamos a un sitio nuevo, uno intenta fotografiar todo lo que le resulta diferente y llamativo. Sin embargo, muchos años después, al volver a observar estas imágenes, surgió una pregunta que entonces ni siquiera se me había ocurrido, ¿qué árbol era ese que visitaban tan frecuentemente?
Ahí aparece una de las cosas más lindas de esta afición, nunca terminamos de aprender. Una fotografía tomada hace ocho años puede despertar hoy una nueva curiosidad y llevarnos a investigar algo que pasó completamente desapercibido en el momento de apretar el disparador.
Gracias a las herramientas que tenemos disponibles actualmente pude descubrir que se trata del olivo negro (Bucida buceras), un árbol muy común en buena parte del Caribe, se lo utiliza frecuentemente como especie ornamental en parques, plazas, hoteles y jardines por su porte elegante y su amplia copa, que brinda una excelente sombra en las cálidas jornadas tropicales.
Pero además de ser apreciado por las personas, parece ser un verdadero imán para las aves porque produce pequeños frutos que son consumidos por numerosas especies de loros, palomas, zorzales y otras aves frugívoras.
Al final, unas fotografías que originalmente tenían como protagonista a la cotorra de La Española terminaron enseñándome algo más sobre las plantas que forman parte de su ambiente. Y quizás esa sea una de las mayores riquezas de observar aves, comenzar mirando un pájaro y terminar aprendiendo sobre árboles, frutos, insectos, comportamientos y un sinfín de detalles que hacen que cada salida siga siendo una oportunidad para descubrir algo nuevo.
Muchas gracias por acompañarme una vez más en este recorrido por los recuerdos de viaje y por seguir compartiendo esta curiosidad interminable por la naturaleza.
Hasta la próxima.





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