Después de diez años sin publicar fotografías de esta especie en el blog, hoy vuelvo a encontrarme con unas viejas conocidas de Ombú Chico: las urracas comunes, perdón, vamos a corregir el nombre, porque después de ests años con el blog inactivo ahora se llama Urraca criolla; esas infaltables visitantes de la casa de Luis que, a esta altura, ya forman parte inseparable de la historia de nuestras pajareadas por este lugar. Tres fotografías que sirven como excusa perfecta para volver a hablar de ellas y, de paso, recordar algunas de aquellas primeras visitas a la casa de Luis, cuando todavía nos sorprendía la increíble confianza que estas aves tenían con nosotros.
Porque si hay una especie que tiene asistencia perfecta en Ombú Chico, esa es la urraca. Inclusive son las primeras en llegar después de nosotros; ni bien Luis desactiva la alarma de la casa ya hay algunas esperando alrededor del comedero, como si supieran perfectamente que acabamos de llegar y que en unos minutos comenzará el desayuno. Mientras nosotros todavía estamos abriendo puertas, acomodando cámaras y pensando dónde vamos a instalarnos, ellas ya están ahí, atentas a cada movimiento, esperando que aparezca la comida.
Y tienen además una consideración especial dentro de la organización de nuestras visitas: son las primeras en ser atendidas. Antes de bajar nuestros bártulos del auto, antes de sacar los trípodes, las mochilas o las cámaras, lo primero que se descarga y se prepara es la comida para el comedero de las aves. Después de tantos años de repetir la misma rutina, supongo que ya tenemos perfectamente establecidos nuestros roles: Luis prepara el desayuno, nosotros armamos el equipo y las urracas controlan que nadie se demore demasiado.
Hace ya muchos años había escrito algo parecido en el blog. En aquellas primeras experiencias en la casa de Luis las describía como aves confiadas, audaces, madrugadoras y voraces, capaces de acercarse sin demasiados reparos mientras nosotros permanecíamos sentados con las cámaras listas. También descubrimos muy pronto que prácticamente cualquier cosa podía interesarles: granos de maíz, frutas, pan y, por supuesto, todo aquello que las demás aves dejaban caer mientras se llevaban su parte del banquete.
Con el tiempo, aquellas escenas terminaron convirtiéndose en una parte más de nuestras visitas a Ombú Chico. Recuerdo especialmente aquellos primeros desayunos compartidos que alguna vez titulé “Desayunando con las Urracas”: nosotros con el mate y ellas con su particular cóctel de frutas y granos de maíz, acercándose cada vez más hasta quedar a pocos metros de distancia. Era imposible no terminar encariñándose con semejantes personajes.
Hoy, muchos años después, la situación parece no haber cambiado demasiado. Las urracas siguen estando allí, siguen siendo de las primeras en aparecer y siguen comportándose como si la casa de Luis fuera también un poco su casa. Quizás esa sea una de las cosas más lindas que tienen estos lugares que frecuentamos durante tantos años: algunas especies dejan de ser simplemente una anotación en una lista de aves y terminan transformándose en viejos conocidos, reconocibles por sus costumbres, sus horarios y hasta por la manera en que se acercan a nosotros.
Estas tres fotografías son entonces bastante más que una nueva serie de imágenes de una especie conocida. Son también un pequeño reencuentro con aquellas primeras mañanas en Ombú Chico, con los mates, las cámaras, el comedero y esa interminable espera por ver qué visitante aparecía a continuación. Y después de diez años sin que las urracas volvieran a ocupar un lugar en estas páginas, me pareció que ya era hora de hacerles nuevamente un lugar.
Bienvenidas otra vez al blog, viejas conocidas!!!.



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