Hoy temprano fui al Mártires y me encontré con una imagen desoladora. Todo el sector comprendido entre el acceso oeste y la costanera del arroyo el arroyo, hasta el alambrado, y desde los paneles solares hasta el destacamento policial, fue pelado al ras. No quedó prácticamente nada de lo que hasta hace unos días era refugio y hábitat para tantas aves. Desconozco si esos terrenos son públicos o privados, aunque por lo que pude averiguar aparentemente serían privados. Lo que sí me cuesta entender es qué sentido tiene semejante intervención, arrasando con toda la vegetación sin dejar prácticamente nada en pie. No quiero ni imaginar la cantidad de nidos que habrán sido destruidos, justo en plena época reproductiva de capuchinos, corbatitas, pechos colorados, arañeros, mosquetas, yetapás y tantas otras especies que habían encontrado allí un lugar donde vivir y reproducirse. Hay decisiones que dejan marcas que tardan años en revertirse, si es que alguna vez se revierten. El Mártires tiene amigos, muchos que lo recorremos, lo disfrutamos y queremos conservarlo, pero también tiene enemigos. Y hoy, lamentablemente, volvieron a demostrarlo.
Después de semejante sorpresa desagradable en el Mártires, apenas estuve media hora recorriendo el lugar; la actividad había caído drásticamente y la cantidad de aves que pude registrar estuvo muy lejos de lo que habitualmente se veía por allí; apenas 22 especies. Mientras caminaba me encontré con Luisa Amores y otra fotógrafa, y estuvimos conversando un rato sobre lo impactante de encontrarnos con semejante panorama y sobre la ausencia de tantas aves que hasta hace pocos días eran habituales en ese sector. En medio de la charla me preguntaron por ese pequeño lugarcito que estoy recorriendo acá en mi barrio, así que creo que fue decisión unánime poner rumbo a Itaembé Miní para ver qué encontrábamos por allí, y por suerte, el pequeño rincón volvió a regalarnos un par de lindas sorpresas. Dos especies nuevas para ese lugar, y dos que hacía nada menos que 14 años que no volvía a observar, de las cuales además conservo muy pocas fotografías. Así que el cambio de escenario terminó valiendo la pena. Les comparto hoy estas dos imágenes de una bandada de Cuervillos de Cañada que nos pasó prácticamente por encima, regalándonos un encuentro que ninguno de los tres esperaba al promediar la mañana; así que tendré que seguir disfrutando mientras se pueda, y vaya a saber por cuánto tiempo mas tendré la suerte de contar con este pequeñito rincón de naturaleza que sobrevive en el barrio a pesar de todo.
¡Saludos para todos!


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