Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

23 oct 2026

Unos miraban noticias de Wuhan...yo buscaba aves.

Dos fotos hoy de una especie que tuve la suerte de encontrar durante aquellas vacaciones del 2020, en Praia do Rosa, Santa Catarina, Brasil. Se trata del Aracuá escamoso (Ortalis squamata), una pava característica de la Mata Atlántica.
¡Qué tiempos aquellos! Estábamos de vacaciones, disfrutando de unos días en Brasil, y mientras acá y allá intentábamos desconectarnos un poco de las obligaciones cotidianas, por televisión empezaban a llegar noticias de un bicho que andaba dando vueltas por Wuhan, China, y que poco a poco comenzaba a preocupar al mundo entero. En ese momento todavía no imaginábamos hasta qué punto iba a cambiar nuestras vidas aquel asunto que parecía tan lejano. Después vino la pandemia y ya sabemos cómo siguió la historia.
Pero volvamos a las aves, que para eso estamos acá. Ese día el tiempo no acompañaba demasiado y la lluvia nos dejó sin playa. Como quedarse quieto durante mucho tiempo no es precisamente una de mis especialidades, aproveché cada intervalo en que aflojaba el agua para salir a caminar por el parque de la posada donde estábamos alojados. Uno nunca sabe qué puede aparecer cuando anda con los ojos bien abiertos, incluso sin alejarse demasiado del lugar donde pasa la noche.
Entre los árboles y la vegetación del predio tuve la suerte de encontrarme con este Aracuá escamoso, un representante de la familia de las pavas de monte que habita la Mata Atlántica brasileña. Para alguien que acostumbra recorrer montes y caminos buscando aves, encontrarse con una especie foránea para fotografiar, aunque sea caminando por el jardín de una posada y bajo un cielo bastante poco prometedor, siempre es motivo de alegría.
Así que, mientras otros seguramente aprovechaban la jornada lluviosa para descansar bajo techo, yo andaba dando vueltas por el parquizado, cámara en mano, tratando de aprovechar los ratitos sin lluvia. ¡Qué le vamos a hacer! Hay costumbres que ni las vacaciones consiguen corregir.
Hoy comparto estas dos fotografías de aquel encuentro, un pequeño recuerdo de un viaje que quedó asociado a tantas cosas. Por un lado, la alegría de conocer y fotografiar aves de otros lugares; por otro, el recuerdo de aquellos días en que empezábamos a escuchar noticias sobre algo que terminaría metiendo al mundo entero en nuestras casas.
Por suerte, las aves seguían con sus asuntos de siempre, ajenas a nuestras preocupaciones. Y yo, cada vez que podía, también seguía con los míos.

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