Marzo de 2018, una linda mañana de esas que uno recuerda por las gratas sorpresas que puede regalar la observación de aves. Aquella jornada la compartí con Nico Pavese y nos encontramos con una especie que, por entonces, representaba un registro novedoso para Posadas y, por supuesto, para Misiones. Hace ya ocho años, cuando publiqué aquellas primeras fotografías en el blog, contaba que habíamos recorrido senderos improvisados entre la vegetación costera, metiéndonos por esos rincones que a veces nos obligan a caminar despacio, mirar con atención donde uno mete sus patas para no quedar enterrado en el barro, y estar dispuestos a descubrir lo que se esconde entre los pastos y los arbustos. Una vegetación que, lamentablemente, hoy casi ha desaparecido de aquel sector.
Desconozco quién habrá sido el funcionario que tomó la decisión de cortar todo al ras, prácticamente hasta llegar a unos tres metros del agua, pero supongo que alguna razón habrá tenido. No me interesa señalar a nadie ni entrar en discusiones, aunque sí me parece oportuno plantear una inquietud y, sobre todo, hacer un pedido que considero razonable. Los ambientes costeros cumplen una función importante para muchas especies de aves y otros animales, que encuentran allí refugio, alimento y lugares para desarrollar sus actividades. Cuando eliminamos de golpe toda esa vegetación, no estamos simplemente emparejando el terreno o dejando el paisaje más prolijo, también estamos quitándoles una parte de su ambiente a los habitantes que dependen de él.
Ayer tuve la oportunidad de compartir una linda pajareada acá nomás, en mi barrio, junto a Carmen Oviedo y Viviana Zalazar, integrantes del grupo Amigos del Arroyo Mártires. Recorrimos durante algunas horas un interesante sector del arroyo que bordea nuestro barrio, a unas seis cuadras de mi casa, y entre observaciones, charlas y comentarios sobre las aves también surgieron cuestiones relacionadas con el estado de estos ambientes y con lo que viene pasando en la zona de la desembocadura. Fue una de esas salidas que, además de permitirnos disfrutar de los pájaros, sirven para conocer mejor lo que sucede en los lugares que tenemos tan cerca y que muchas veces no valoramos lo suficiente, conocer a gente nueva, y valorar el empuje que le meten tratando de hacer algo para mejorar las cosas para que cada vez seamos mas los que entendamos que cuidar estos ambientes es una responsabilidad compartida entre todos.
Y acá viene el pedido, que ojalá llegue a quienes corresponda. ¿No sería posible dejar que la vegetación costera vuelva a crecer en algunos sectores de la desembocadura? No estoy diciendo que haya que abandonar el lugar ni impedir que la gente lo disfrute. Los espacios destinados a la recreación y a las distintas actividades ya tienen sus sectores definidos y delimitados, y me parece perfecto que así sea. Pero quizás también podamos reservar algunos rincones para que la naturaleza haga lo suyo, sin necesidad de mantener cada metro de costa completamente despejado. No todo tiene que estar cortado al ras para que un lugar sea agradable, ni todo lo que crece espontáneamente es maleza que haya que eliminar.
La vegetación necesita tiempo, y si le damos la oportunidad, seguramente volverá la fauna a aparecer por esos pastizales, arbustos y pequeños refugios que tantas veces nos sorprenden con la presencia de especies que ni imaginábamos encontrar tan cerca de casa. No se trata de elegir entre las personas y las aves, sino de entender que podemos convivir y disfrutar del mismo lugar si dejamos un poco de espacio para cada uno.
¿Dejarán que la naturaleza se reponga en la zona de la desembocadura del arroyo? Ojalá que sí. No tengo la respuesta, pero me parece que vale la pena plantear la pregunta y pedir, con respeto y sentido común, que antes de volver a pasar las máquinas se considere la posibilidad de dejar crecer nuevamente la vegetación en algunos sectores. A veces, la mejor intervención que podemos hacer es simplemente dar un paso al costado y permitir que la naturaleza se recupere.
Mientras tanto, hoy comparto esta segunda serie de fotografías de aquel registro de marzo de 2018, cuando junto a Nico tuvimos la alegría de encontrar por primera vez a los Junqueros para Posadas. Un lindo recuerdo de pajareada, pero también una buena oportunidad para pensar en todo lo que todavía podemos hacer para que estos ambientes sigan siendo un lugar donde las aves encuentren su espacio.




No hay comentarios:
Publicar un comentario