Hay proyectos que nacen de una idea sencilla y terminan convirtiéndose en una obsesión; esta nueva entrada de Aves del NEA, propuesta por el amigo Nicolás Pavese, entra sin dudas en esa categoría.
Después de años recorriendo caminos colorados, senderos de parques provinciales, reservas privadas, chacras, arroyos perdidos y rincones de monte repartidos por toda la provincia, nos dimos cuenta de algo: casi sin proponérnoslo habíamos logrado fotografiar prácticamente todos los bailarines presentes en Misiones.
El bailarín naranja, el más vistoso y fotogénico de los escenarios selváticos.
El bailarín verde, discreto habitante del sotobosque.
El bailarín azul, siempre espectacular cuando la luz logra atravesar la selva.
El bailarín blanco, una joyita que cada encuentro transforma en recuerdo imborrable.
Y el bailarín oliváceo, quizás menos conocido, el menos elegante, pero igualmente fascinante por su inquieto comportamiento y por el volumen de su canto.
Todos ellos fueron apareciendo a lo largo de los años en distintos puntos de Misiones, algunas fotos cerca de Posadas, otras en el centro de la provincia, varias en el norte profundo. Registros obtenidos de sur a norte, de este a oeste, en jornadas largas, madrugones eternos y viajes donde muchas veces el combustible costaba más que cualquier comodidad.
Pero siempre queda uno.
Y justamente el que falta es el más difícil.
El más esquivo.
El más misterioso.
El bailarín castaño (Piprites pileata).
El fantasma de la selva atlántica, su historia en Misiones parece escrita para alimentar la imaginación de cualquier observador de aves.
Historia que comienza allá por el año 1959 en Tobuna cuando el naturalista William Henry Partridge obtuvo el primer registro argentino de la especie. Un único individuo encontrado luego de muchos años de trabajo de campo en Misiones; durante décadas ese ejemplar sería la única evidencia de la presencia de la especie en el país.
Cuarenta y siete años de silencio transcurrieron desde ese entonces.
Ningún registro confirmado, ninguna fotografía, ninguna observación documentada; para muchos, el bailarín castaño se había convertido prácticamente en una leyenda misionera.
Recién en Abril del 2006 el guardaparque Claudio Maders escuchó una vocalización desconocida durante una recorrida en el entonces proyectado Parque Provincial Caá Yarí. Aquella observación permitió redescubrir la especie para Argentina después de casi medio siglo sin registros.
En años posteriores las búsquedas realizadas permitieron localizar varios territorios ocupados por la especie en bosques de laurel layana asociados al Arroyo Paraíso, dentro del área de la Reserva de Biosfera Yabotí.
A pesar de extensos relevamientos en otras regiones de Misiones, los registros continuaron concentrándose en ese ambiente muy específico.
Debido a ello este bailarín es especialista extremo en dicho ambiente particular y quizás allí radique parte del misterio.
Mientras muchas aves de la selva aparecen en distintos ambientes, el bailarín castaño parece tener una relación muy estrecha con los bosques de laurel layana desarrollados sobre las márgenes del Arroyo Paraíso; los relevamientos realizados después del redescubrimiento encontraron a la especie casi exclusivamente en ese tipo de selva ribereña, un ambiente escaso y extremadamente vulnerable dentro de Misiones.
Y justamente allí apunta ahora nuestro nuevo delirio, la locura que nos queda pendiente; porque si algo caracteriza a los observadores de aves es que jamás terminan una lista, siempre aparece una especie nueva, siempre queda una foto pendiente, siempre existe un lugar más para recorrer; y después de ocho años alejados de las salidas exclusivamente pajareras, este regreso al blog parece empujarnos inevitablemente hacia un objetivo concreto; ir a buscar al que falta, o al menos buscar una excusa para recorrer esa parte de la Provincia de Misiones.
No hablamos de grandes expediciones financiadas ni de equipos sofisticados, hablamos de lo que siempre fue Aves del NEA, algunos días libres, un vehículo que llegue hasta donde planificamos y nos traiga de regreso a casa, combustible contado, cámaras ya bastante caminadas, algo para comer y muchas ganas de caminar monte, y por supuesto todo compartido.
La idea de recorrer la selva ribereña del Arroyo Paraíso, dentro de la Reserva de Biosfera Yabotí, buscando al bailarín castaño, tiene algo de aventura, algo de esperanza y bastante de locura.
Porque sabemos perfectamente que podemos caminar horas sin verlo, que podemos regresar únicamente con barro en las botas, que podemos escuchar apenas un canto lejano y nada más, pero también sabemos que en cualquier curva del sendero, en cualquier rincón húmedo dominado por laureles y sombra, puede aparecer por unos segundos ese pequeño fantasma de la selva atlántica que lleva más de medio siglo alimentando historias entre los observadores misioneros.
Y si algún día finalmente aparece frente a nuestros binoculares o delante del lente, la fotografía será apenas una excusa.
Porque en realidad lo importante será completar un sueño que empezó hace muchos años, recorriendo Misiones detrás de los bailarines.
Tenemos el naranja, tenemos el verde, tenemos el azul, tenemos el blanco, tenemos el oliváceo, ahora solamente nos falta uno, y justamente por eso vale tanto la pena seguir buscándolo. Aunque bien sabemos que en la naturaleza es pecar de soberbia suponer que se encontrará lo que se busca.....
Así lo escribió don Tito Narosky en su libro "Entre hombres y pájaros".
saludos para todos y los dejo con las fotos, de Nico, Benja (Su sobrino) y mías!!
Bailarín azul
Bailarín naranja
Bailarín blanco
Bailarín verde
Bailarín oliváceo]
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
Tus hijos te lo agradecerán.
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Muy bueno!
ResponderEliminarGracias !!!
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