Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.

3 oct 2026

El Corochiré... y su socio de bochinche

Hay nombres de aves que parecen puestos por un señor sentado detrás de un escritorio, otros que vienen de algún viejo naturalista y algunos que, por el contrario, parecen haber nacido directamente del monte, entre sonidos, cantos y palabras que fueron pasando de boca en boca. Corochiré es uno de esos nombres que, al menos para mí, tienen gusto a nuestra tierra.
Corochiré es un nombre de raíz guaraní utilizado para llamar a los zorzales y que aparece también escrito como korotshiré. Con el tiempo fue quedando asociado especialmente al Zorzal colorado, Turdus rufiventris, aunque la historia de los nombres vulgares de nuestros zorzales es bastante más entreverada que una simple ficha de guía de campo. De hecho, en viejos trabajos sobre las aves argentinas aparecen distintas especies de zorzales relacionadas con este nombre y también formas como corochiré-morotí para el que conocemos como zorzal chalchalero o zorzal blanco.
Y hay algo que me gusta todavía más porque según algunas referencias, la palabra corochiré sería de carácter onomatopéyico, una de esas palabras que parecen querer imitar el sonido del propio pájaro. No sé si hace falta mucho más para que uno imagine a algún paisano escuchando cantar al zorzal entre los árboles y tratando de ponerle nombre a aquello que estaba oyendo. Corochiré. Y listo. Así de sencillo, así de nuestro.
El Zorzal colorado es de esos pájaros que nunca pasan demasiado desapercibidos. Anda por patios, jardines, montes, plazas y bordes de caminos, caminando por el suelo entre saltitos, buscando insectos, lombrices, semillas y frutos, pero también se hace notar cuando llega la hora del canto. Y si encima tiene cerca a su pariente de nombre tan parecido, el zorzal chalchalero, la cosa puede ponerse bastante animada.
Porque estos dos, cuando se encuentran, parecen tener una especie de acuerdo tácito para que el barrio no quede demasiado silencioso. Uno canta, el otro contesta, alguno mete una nota de más y de pronto aquello que parecía una tranquila mañana termina convertido en una verdadera reunión de vecinos. No sé si será conversación, competencia, saludo o simplemente ganas de hacer bochinche, pero escucharlos juntos tiene algo de esas charlas interminables de patio donde nadie sabe muy bien quién empezó ni quién va a tener la última palabra.
Y quizás por eso me gusta tanto ese viejo nombre regional. Corochiré no suena solamente a zorzal. Suena a monte, a guaraní, a siesta de verano, a fruta madura, a patio con árboles y a esos sonidos que forman parte del paisaje aunque muchas veces ya no les prestemos atención. Es uno de esos nombres que, cuando uno lo vuelve a escuchar, trae consigo una pequeña parte de la historia de esta tierra.
Así que hoy, para acompañar estas fotos, va este Corochiré, o Zorzal colorado, como prefieran llamarlo. Yo me quedo con los dos nombres, porque uno sirve para la guía y el otro tiene ese gustito especial de las palabras que vienen de mucho más atrás.
Y si por ahí aparece también el chalchalero, mejor todavía. Que se arme el bochinche nomás... que para silencio ya tenemos bastante.

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