Una golondrina con acento caribeño
Hoy sumamos una nueva especie a las páginas de Aves del NEA, aunque para encontrarla tenemos que viajar unos cuantos kilómetros hacia el norte, hasta la República Dominicana. Se trata de la Golondrina grande (Progne dominicensis), una de esas aves que uno puede cruzarse durante unas vacaciones y que, además de regalarnos algunas fotografías, nos permite seguir conociendo la diversidad de pájaros que habitan otras regiones del continente. Las imágenes que comparto hoy las obtuve durante el viaje de 2018, entre Punta Cana y Bayahibe, dos lugares que seguramente muchos asocian con playas, palmeras y agua turquesa, pero que también tienen sus atractivos para quienes no podemos dejar de mirar qué se mueve entre los árboles o cruza volando por encima de nuestras cabezas.
La Golondrina grande pertenece a la familia Hirundinidae, y es una especie propia de las islas del Caribe. Es un ave de tamaño relativamente grande para lo que solemos imaginar cuando hablamos de golondrinas, con unos 18 a 20 centímetros de longitud, alas largas y puntiagudas y una cola ahorquillada que le permite maniobrar con gran habilidad mientras vuela. El macho adulto luce un plumaje muy atractivo, azul negruzco brillante, que según cómo le pegue la luz puede mostrar reflejos azulados o violáceos, mientras que las partes inferiores son blancas y contrastan claramente con el dorso oscuro. La hembra es bastante menos llamativa, con tonos pardos y grisáceos en la garganta, el pecho y los flancos, y el vientre más claro. Los juveniles también presentan una coloración más apagada, de modo que no siempre resulta sencillo encontrar ese contraste tan marcado que caracteriza al macho adulto.
Como sucede con otras integrantes de su familia, es una gran especialista en la vida aérea. Se alimenta principalmente de insectos que captura en vuelo, persiguiéndolos con esos cambios de dirección rápidos que parecen no costarles ningún esfuerzo. Puede vérsela recorriendo espacios abiertos, pastizales, campos, zonas costeras y también sectores urbanizados, donde aprovecha la abundancia de insectos. Es una especie bastante sociable y no resulta extraño encontrar varios ejemplares volando juntos o descansando alineados sobre cables y otros posaderos elevados. A veces, mientras uno está pendiente de una fotografía, estas aves pasan una y otra vez por el mismo sector, como si estuvieran empeñadas en demostrar que para ellas el cielo es una pista de vuelo en la que siempre hay algo para perseguir.
La reproducción también tiene sus particularidades. Durante la temporada de cría, que en buena parte del Caribe se extiende principalmente entre febrero y agosto, construye el nido aprovechando cavidades naturales o huecos ya existentes. Puede instalarse en grietas de acantilados, huecos de árboles, antiguas cavidades excavadas por carpinteros y también en estructuras construidas por el ser humano, como edificios y otras instalaciones. Para acondicionar el interior utiliza materiales vegetales, entre ellos pequeñas ramitas y hojas secas. La puesta suele ser de varios huevos blancos, generalmente entre tres y seis según las fuentes consultadas, y la incubación ronda las dos semanas. Después llega el trabajo intenso de alimentar a los pichones, que nacen completamente dependientes de sus padres y necesitan recibir alimento con frecuencia hasta que puedan abandonar el nido. Es una buena muestra de cómo estas aves aprovechan tanto los ambientes naturales como aquellos que hemos modificado para vivir nosotros.
En cuanto a su distribución, la Golondrina grande está presente en buena parte de las Antillas y otras islas de la región, aunque no en todas, ya que en algunos lugares es reemplazada por especies emparentadas. Sus movimientos estacionales tampoco son iguales en toda su área de distribución, y todavía hay aspectos de sus desplazamientos fuera de la época reproductiva que no se conocen del todo bien. En cualquier caso, para quienes visitamos el Caribe, es una de esas golondrinas que pueden aparecer sobre los jardines, los caminos o los espacios abiertos de los hoteles, haciendo sus recorridos aéreos mientras uno intenta seguirlas con la cámara.
Y así, entre una salida y otra durante aquellas vacaciones de 2018, quedaron estas fotografías de una especie que hasta hoy no tenía su lugar en el blog. No hace falta estar siempre en el monte misionero o recorriendo los caminos de Corrientes para seguir sumando aves a la colección; a veces alcanza con prestar atención a lo que vuela por encima de un paisaje completamente distinto al de casa. Para eso también sirven los viajes, además de descansar un poco, cambiar de aire y disfrutar del paisaje para volver con recuerdos, fotografías y alguna especie nueva que nos permita seguir agrandando esta lista de vecinos emplumados, aunque en este caso vivan bastante lejos de nuestro querido Noreste Argentino.
Mapa de distribución en América
Copyright de los mapas
Copyright-Ebird (www.ebird.org)
Muchas especies de aves se encuentran en grave peligro de extinción en todo el Planeta, debido a la reducción de sus habitats y al tráfico y tenencia como mascotas.
No las captures disfruta de observarlas en libertad, cuida, preserva, respeta la naturaleza, planta un árbol.
Tus hijos te lo agradecerán.
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