Hay días en que uno está sentado frente a la PC, afuera llueve y tampoco hay demasiadas cosas importantes por hacer. Y justamente en esos momentos es cuando convieneaprovechar la mañana tirando unas líneas de texto para el blog acompañado de un rico matecito.
Estas dos fotos que comparto esta mañana son de una torcaza que, en un mediodía de julio bastante frío, encontró un buen lugar sobre el muro del patio para hacer algo tan simple como necesario en esas condiciones climáticas, tomar sol.
La temperatura no llegaba a los 10 grados y la torcaza parecía saber perfectamente lo que tenía que hacer, acomodándose y abriendo las plumas para que los rayos del sol llegaran hasta el cuerpo y ayudaran a recuperar un poco de calor.
La luz además estaba muy linda, de esas que aparecen después de una mañana gris y que hacen que hasta una torcaza, una especie que uno ve prácticamente todos los días, pueda convertirse por un rato en un buen motivo fotográfico. Con esa luz se destacaban los detalles del plumaje y, como estaba tranquila y no parecía tener ninguna intención de irse, tampoco había mucho que pensar.
Aveces no hace falta salir al monte, caminar kilómetros ni preparar demasiado equipo. Basta con tener la cámara a mano, mirar un poco y aprovechar la oportunidad. Dos fotos, quizás tres, y listo. Porque cuando aparece una buena luz y el protagonista se queda quieto, tampoco estamos para desperdiciar la ocasión.


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